EL COMODORO QUE NUNCA ESTUVO

AUDIENCIA 73 / UN ITINERARIO DE LICENCIAS Y CURSOS

03-06-2022 | Declaró Carlos Santa María y con él concluyeron las ampliaciones indagatorias de los acusados. El excomodoro de la Fuerza Aérea repitió el descargo que realizó para el sexto juicio y alegó licencias que lo alejaron de Mendoza al momento de cometerse los secuestros que se le adjudican. La próxima audiencia será excepcionalmente el lunes 13 de junio, con horario a confirmar.

Se oyó la última declaración voluntaria de los imputados para su defensa. En 2018 Santa María fue condenado por el secuestro y la desaparición de Mauricio López en el campo de tiro Las Lajas. En este juicio debe responder por las detenciones, también ocurridas en 1977, de Horacio Ferraris, Osvaldo Zuin, María del Carmen Marín, Carlos Marín y Juan Ramón Fernández —las últimas cuatro, víctimas de desaparición forzada— en ese centro clandestino de detención (CCD) de la Fuerza Aérea. Además, se lo imputó por los secuestros de abril de 1977 y de mayo de 1978, operativos conjuntos en los que participó la Aeronáutica. La próxima jornada se debatirá la incorporación de prueba como paso previo al comienzo de los alegatos.

De licencia en licencia

Carlos Santa María ratificó ante el tribunal del noveno juicio sus declaraciones previas. La justificación que esgrimió coincide con aquella ofrecida en 2018: al momento de los hechos estuvo siempre de licencia, fuera de Mendoza o realizando entrenamiento en zona de montaña.

En 1976 se desempeñaba en la IX Brigada de Comodoro Rivadavia. En diciembre le informaron que sería trasladado a Mendoza, a la Compañía de Policía Militar perteneciente al Escuadrón Tropa, porque en 1977 ingresaban nuevas camadas de soldados que requerían instrucción. No obstante, su licencia anual, tomada entre el 16 de diciembre de 1976 y el 18 de enero de 1977, la pasó en Buenos Aires, donde debió operarse de un forúnculo anal. El reposo lo hizo en casa de su suegra. Las historias clínicas no existen, explicó, porque fue atendido en la guardia y en ese momento no se asentaban. La licencia tampoco consta en su legajo.

De acuerdo al imputado, su llegada a la IV Brigada se produjo el 18 de enero de 1977. La primera semana se dedicó a presentarse ante sus superiores, a recibir directivas y a resolver cómo sería su actividad de vuelo. La segunda semana ya se habían incorporado los soldados y entre el 2 y 5 de febrero fueron trasladándose a Potrerillos, donde todo el Escuadrón Tropa debía recibir un mes de instrucción de campaña.

En ese lapso, únicamente “bajó” a la IV Brigada para cumplir con la actividad de vuelo, los días 12, 13 y 14 de febrero. El 3 de marzo Santa María sufrió un derrame en la herida y fue evacuado hasta el Hospital Militar. Al día siguiente lo operaron “con anestesia total” y estuvo 31 días con parte de enfermo: diez días en el hospital, otros diez en el Casino de Suboficiales —que era su domicilio— y finalmente pudo viajar a Buenos Aires a completar su recuperación. Este traslado coincidía con la fecha prevista para su casamiento, que se concretó el 4 de abril. Por su estado, explicó, debió cancelar la luna de miel en el extranjero. Esto habría sido corroborado por una tía de su esposa y vecina.

De acuerdo a su relato, regresó a Mendoza recién el 24 de abril, luego de pasar unos días en su ciudad natal, Diamante, Entre Ríos, donde asistió al casamiento de un primo hermano el 15 de ese mes. El acusado solicitó que el hombre, Raúl Ángel Morales, fuera llamado a brindar testimonio. Luego, cerca del 20 de abril, pasó a saludar a unos tíos de Córdoba que lo habían alojado en esa provincia durante su instrucción como aviador. Por tanto, según Santa María, no puede responder por los hechos de abril de 1977 dado que se encontraba “a más de mil kilómetros de distancia” y en mal estado físico.

El imputado se propuso refutar aspectos de la acusación. En cuanto a sus roles y jerarquías, indicó que no tenía gran poder de mando porque ejerció la jefatura de la Compañía de Policía Militar y de la División de Inteligencia de la IV Brigada como capitán, es decir, era un oficial subalterno —también lo eran los primeros tenientes, tenientes y alféreces—. La cadena de mando, explicó, comenzaba en los oficiales superiores —brigadieres y comodoros— y solo vicecomodoros o mayores eran mandos intermedios en el rol de oficiales jefes.

Su actuación en la División de Inteligencia —negó que se identificara con el número II, correspondiente a esta división pero del Estado Mayor de la fuerza— habría sido marginal, puesto que no fue su destino interno ni su tarea primaria, sino una tarea especial. Argumentó que la dependencia actuaba únicamente dentro de la Brigada para garantizar la seguridad: una oficina “prácticamente de trámites”, abocada a emitir credenciales y a autorizar el ingreso de proveedores. No podía realizar tareas de inteligencia porque solo contaba con un suboficial. Por el contrario, la Regional Oeste de Inteligencia, dependiente de la División II de Inteligencia del Estado Mayor, sí tenía bajo su jurisdicción la provincia y provincias vecinas, por esa razón su jefe participaba de la Comunidad Informativa, expresó.

Además, aseguró que su dedicación a la División de Inteligencia fue tan escasa que al momento de la evaluación sugirieron removerlo del cargo. Los ascensos en su carrera militar se produjeron por su capacidad como piloto, no por su desempeño en inteligencia, sostuvo.

Respecto a las tareas de la Compañía de Policía Militar, refirió que tenía a su cargo la formación de soldados, no el apoyo operativo en procedimientos externos. Cualquier operativo fuera de la unidad era determinado por el Departamento de Operaciones y requería una orden firmada por el brigadier, argumentó Santa María. Descartó también que entre 1977 y 1978 hubiera existido una subunidad COIN.

El imputado negó haber armado guardias en centros clandestinos de detención, como indicó la fiscalía. La IV Brigada no habría tenido CCD y Santa María nunca habría pisado personalmente Las Lajas: “Una cosa es ser el dueño del campo, que una parte era dueña la IV Brigada Aérea y otra parte era arrendada, y otra cosa es lo que se puede haber desarrollado ahí”. El imputado declaró que desconocía los acuerdos que podría haber firmado su jefe con el comandante del Ejército: “Si ahí estuvo operando otra gente, no fue precisamente la IV Brigada”.

Se detuvo luego en los testimonios de dos exconscriptos. Mario Venditti, que hizo el servicio militar en 1977, fue sumariado por hurto en agosto de ese año. El soldado dijo que fue secuestrado el 10 u 11 de junio y en su legajo consta que el 29 de junio pasó a arresto en calabozo. Venditti declaró que estuvo cuatro meses detenido sin saber dónde, posiblemente Las Lajas, pero el expediente aclara que fue en la IV Brigada, remarcó Santa María. Tampoco habría sido correcta la dirección que mencionó para la Regional Oeste, que se instaló inicialmente en Emilio Civit 35 y recién en 1979 se trasladó a Alberdi y Godoy Cruz de Guaymallén.

En cuanto a Flores Tejada, el testigo reconoció a Santa María y a Carelli cuando descendían de un avión —no recordaba el modelo— un sábado de agosto o septiembre de 1977 junto a varias personas detenidas. El acusado quiso refutar este testimonio que lo compromete amparándose en la actividad legal de la fuerza: dijo que no podían viajar un avión militar de civil ni llevar una metralleta, como relató Flores. Tampoco podía aterrizar un avión clandestino en la IV Brigada. Agregó que desde diciembre de 1976 hasta principios de 1978 Carelli estuvo en Buenos Aires, por lo cual se conocieron tras su regreso. Por último, dado que Flores Tejada lo mencionó como jefe de Inteligencia, jefe de la Compañía de Policía Militar y piloto de helicópteros, Santa María aclaró que el curso de helicópteros lo hizo recién en 1978.

Eso sucedió porque debía completar horas de vuelo —su avión se encontraba averiado— y le propusieron pilotear helicópteros de montaña. Para ello fue enviado a Morón, donde tomó el curso básico en abril. Luego regresó a la IV Brigada y realizó el curso de alta montaña con otros tripulantes nuevos durante el mes de mayo. De esta forma, no sería posible responder por el operativo de mayo de ese año que también se le adjudica. Por último, agregó que mayo, junio y julio eran meses de mucha actividad para la Compañía de Policía Militar por el desfile del 25 de mayo o la entrega de uniformes, de modo que no quedaba tiempo para la tarea de Inteligencia y así lo refleja su calificación negativa y posterior desplazamiento del puesto.

Las preguntas

Al finalizar su declaración, el imputado accedió a responder preguntas. Su abogado, Carlos Benavídez, inició el interrogatorio que tenía programado, a pesar de que, en su relato, Santa María ya había dejado ciertas cosas claras. Ante las consultas del defensor, el procesado repitió que el 4 de abril del 77 se casó en Buenos Aires, y los días siguientes estuvo en Entre Ríos, atravesando una precaria situación de salud.

Benavídez retomó el tema de las vacaciones. Santa María contó que nunca se tomó las de enero del 76 y recién a finales de año hizo su descanso, entre el 16 de diciembre y el 18 de enero del año siguiente. Sin embargo, la licencia no aparece en la foja de calificaciones: un error de la oficina de Personal, indicó. Además, a pedido del abogado, el imputado explicó que Padorno, entonces jefe de la Regional Oeste de Inteligencia, integró la Comunidad Informativa desde su creación, el 1 de julio del 76.

Debido a la mención de Raúl Ángel Morales, el abogado solicitó que se lo llamara a prestar declaración, a pesar de que la instancia testimonial ya finalizó audiencias atrás. La fiscalía y la querella no se opusieron y el tribunal va a contactarlo, ya que Benavídez contaba con su domicilio y su teléfono de antemano. Por las contradicciones con la declaración de Flores Tejada, el defensor sugirió un careo, es decir, una confrontación de los dos testimoniantes. Sin embargo, la parte acusadora consideró innecesaria esta instancia, ya que los alegatos pueden servir para salvar la controversia. Además, el testigo ya expresó su negativa a declarar nuevamente porque no tiene elementos novedosos para aportar.

A continuación, el fiscal Daniel Rodríguez Infante aseguró que sus preguntas serían breves, pues el hombre juzgado ya ha sido interrogado anteriormente y sus indagatorias fueron similares. Hizo consultas acerca de cuestiones formales sobre la jefatura de operaciones, la diferencia con el grupo de operaciones, quién estaba a cargo, cómo se organizaba. Santa María no recordó.

Para finalizar, como la mencionó en su declaración, el interrogatorio fue sobre la Comunidad Informativa (CI): qué era, cómo estaba compuesta, cómo conocía su existencia. Con un abogado defensor nervioso y reticente a que responda —que repetidamente interrumpía para que no contestara sobre ese tema— Juan Carlos Santa María intentó evadir la pregunta. Sostuvo que había leído o estudiado sobre ella, aunque no precisó cuándo ni de qué fuente o reglamento: “La componen todos los organismos de inteligencia que participan en representación de una fuerza (…) Tenía conocimiento de la existencia porque forman parte de los sistemas de inteligencia”. Sin embargo, negó estar al tanto de la CI en Mendoza y su lugar de reunión.

La próxima audiencia es el lunes 13 de junio, en horario a confirmar, probablemente después del mediodía.

 

ELECCIONES EN COLOMBIA: FALSA DENUNCIA CONTRA PETRO

La Audiencia Nacional de España admitió una denuncia contra el candidato a presidente de Colombia

Así fue el falso secuestro de un periodista hace 40 años que ahora sirve a la campaña sucia contra Petro

La reconstrucción del secuestro del periodista español Fernando González Pacheco en Bogotá, en 1981, a través de testigos y periodistas de la época, echa por tierra la tesis de la denuncia que ha admitido la Audiencia Nacional de España contra el candidato de izquierda. No fue un secuestro, sino una entrevista pactada con el líder de la guerrilla M-19, donde militó Petro.

Seis de la tarde del miércoles 22 de julio de 1981. Una joven periodista llega a un restaurante en el barrio de La Soledad de Bogotá, una zona tranquila en la localidad de Teusaquillo, en el centro de la capital colombiana. Está nerviosa. Hace apenas unas horas un desconocido le ofreció por teléfono la posibilidad de entrevistar a Jaime Bateman Cayón, el máximo comandante del Movimiento 19 de abril, la guerrilla M-19, el hombre más buscado en aquel momento por las fuerzas del orden. Ella aceptó.

La memoria de Alexandra Pineda, periodista colombiana que cubrió la sección de Política en el diario El Espectador, retiene con viveza algunos detalles del secuestro falso del que fue objeto junto con el periodista y presentador Fernando González Pacheco aquel día de 1981. Para los datos que no logra recordar, remite a la crónica que publicó sobre aquellos hechos; un secuestro que en la historia reciente de Colombia ha quedado reflejado como lo que fue en realidad: una entrevista clandestina al líder guerrillero. La curtida periodista atiende a Público por teléfono desde París, donde reside desde hace décadas, y su memoria comienza a regalar valiosos retazos de la historia.

Apenas lleva cinco minutos en el restaurante cuando un coche, un pequeño vehículo Fiat o tal vez un Simca, para y la recoge. En el interior, en la parte trasera, un hombre grande acoplado en una difícil postura en el diminuto asiento la contempla. Es Fernando González Pacheco (1932-2014), el famoso presentador de la televisión colombiana. Su programa de entrevistas Cita con Pacheco tiene mucho éxito. Desde finales de los años cincuenta, el presentador, nacido en Valencia (España), conquista por su carisma a la audiencia colombiana.

“Yo lo admiraba. No le conocía en persona ni él a mí. Me confundió con otra periodista de El Espectador, María Teresa Herrán. Creía que ella asistiría a aquella rueda de prensa clandestina que el destino nos había preparado”, cuenta Pineda.

El coche se detiene frente a una casa. Unos guerrilleros con pasamontañas y Magnum automáticas en la mano les conducen a una sala con una mesa alargada y cuatro sillas. Al cabo de dos horas de espera, hace su aparición Jaime Bateman Cayón, conocido como el Flaco y comandante Pablo, un popular personaje que moriría dos años después en un accidente aéreo y a cuyo fallecimiento Gabriel García Márquez dedicó un reportaje.

La periodista queda impresionada con el carisma de Bateman: “Hablaba de paz, amaba la paz, creía en ella, nos dijo. Quería que Pacheco llevase una carta de paz al presidente Julio César Turbay [su polémico gobierno fue entre 1978 y 1982]. El papel que me reservó Bateman fue el de testigo oficial de aquel encargo“, recuerda Alexandra Pineda. El líder guerrillero les revela el contenido de su misiva: propone un alto el fuego a cambio de poder presentarse a las inminentes elecciones presidenciales.

Los recuerdos de Alexandra parecen trasladarse a la larga noche en la que el líder del M-19 le dio quizá la mejor exclusiva de su vida: su deseo de cambiar la sociedad con la política en vez de con las armas. Siete horas duró la entrevista, mojada con whisky y envuelta en el humo de los cigarrillos de Alexandra. Bateman contestó a todas las preguntas y “nunca le faltó la sonrisa, ni siquiera cuando nos relató cómo se perpetró dos días atrás el ataque con obús contra contra el Palacio de Nariño”, la residencia presidencial de la República de Colombia. El artefacto impactó a tan sólo treinta metros del dormitorio del presidente Turbay.

No falta diálogo ni comida para los secuestrados. A las cuatro de la madrugada se retiran a dormir, dejando solo al guerrillero con la botella de whisky. Pero antes los dos hombres firman un documento, un pacto. “Mañana sales en las primeras planas de los periódicos, Pacheco. Nos apostamos doce botellas de whisky Chivas Regal”.

A la mañana siguiente, Bateman los despierta. Está frente a la cama de Pacheco con un ejemplar de El Espectador, donde se da cuenta del operativo de la policía para localizar al presentador. “Te gané, Pacheco”.

A las cuatro de la tarde, el mismo coche minúsculo los devuelve al centro de Bogotá.

El periodista jamás denunció un secuestro

Pacheco entregó la carta con la propuesta de paz a su destinatario, el Gobierno de Turbay, lo que le acarreó serias consecuencias: frecuentes requerimientos para acudir a declarar a las caballerizas militares de Usaquén, donde habitualmente se torturaba a los detenidos. Esto lo contó el periodista, fallecido en 2014, en alguna entrevista, donde se declaraba “hombre de izquierda o progresista” (Revista Semana, 1987).

Cuarenta años después, una denuncia por presuntos crímenes de lesa humanidad, admitida en la Audiencia Nacional, recuerda aquel episodio, aunque con un cariz muy diferente. La denuncia por el secuestro del periodista González Pacheco va dirigida contra Gustavo Petro, el candidato del Pacto Histórico, que acaba de lograr la victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia.

Habla el abogado de Petro

Petro militó en su juventud en el M-19. Cuando ocurrió el falso secuestro de Pacheco, él tenía 21 años. Siempre fue un militante de base, según su abogado, Daniel Prado. “Petro no participó en ese tipo de acciones, que, además, estaban consensuadas con los periodistas para tratar de dar a conocer los objetivos del M-19 al levantarse en armas”, explica Prado e incide en que “el propósito de aquella retención fue enviar al Gobierno un mensaje sobre la amnistía”.

Nunca existió una reclamación económica, a modo de rescate, a la familia de Pacheco, simplemente porque no existió el secuestro”, cuenta Prado.

Por entonces, los periodistas colombianos estaban maniatados por la autocensura imperante en los medios; apenas podían informar sobre las reivindicaciones de los guerrilleros. El temible Estatuto de Seguridad, una especie de estado de excepción permanente, instaurado por el presidente Julio César Turbay, limitó los derechos cívicos, como la libertad de prensa.

“Debido al Estatuto de Seguridad se hicieron populares los secuestros a los periodistas. Suponían una manera de burlar la censura –explica el letrado de Petro–. ¿Cómo iba a justificar Pacheco haberse reunido con el líder de un grupo ilegal? Pues fingiendo un secuestro”.

Las desapariciones forzadas, las detenciones arbitrarias y la persecución de intelectuales por parte del Gobierno de Turbay contribuyeron al apoyo popular hacia la media docena de guerrillas activas en Colombia en aquellos años.

El papel clave de los periodistas

Otra histórica periodista colombiana atiende a Público por videollamada desde la ciudad de Cali. Olga Behar, informadora esencial en el conflicto colombiano, que ha denunciado en sus crónicas y en sus libros la impunidad del narcotráfico y sus ramificaciones con los grupos paramilitares que auspició el Estado. “La denuncia en España contra Petro no tiene ningún sentido, es algo ridículo. ¿Cómo podía él ser el autor material del secuestro de Pacheco si no tenía ningún peso en el M-19?”, exclama esta experta en el Movimiento 19 de Abril y otras guerrillas de Colombia, como las FARC.

“Quiero pensar que la Audiencia Nacional es seria y detectaría a posibles testigos falsos que el denunciante pudiera aportar en un momento dado”, indica Behar.

El denunciante de Petro es François Roger Cavard Martínez, un ciudadano colombiano que presentó en marzo pasado la denuncia por presuntos crímenes de lesa humanidad en la Audiencia Nacional, acogiéndose “a la jurisdicción universal que impulsó Baltasar Garzón”, según declaró este lunes en el matinal de W Radio, uno de los más escuchados de Colombia.

Para Olga Behar no existe ninguna duda de que el falso secuestro de Fernando González Pacheco fue pactado por el propio periodista. “La esposa de Pacheco y su sobrino jamás han denunciado el secuestro”, dice.

Así se burlaba la censura

“Teníamos que buscar fórmulas para burlar la censura y no sé a quién se le ocurrió pero de pronto empezaron a ocurrir muchos secuestros de periodistas por parte de las guerrillas. Yo no tuve que fingir un secuestro. En mi caso no detectaron las entrevistas que les hice a prácticamente todos los líderes guerrilleros y que publiqué en un libro en 1985 (Las guerras de la paz)”, narra Behar.

Los periodistas secuestrados no siempre podían publicar las entrevistas con los guerrilleros. “Si en nuestros medios no nos dejaban, les regalábamos la información a periodistas extranjeros. Y cuando aparecían las entrevistas en periódicos de Brasil o de México, entonces sí que nuestros periódicos se hacían eco”.

“Fue una entrevista convenida”, afirma Otty Patiño, excomandante del M-19, que ha autorizado a este periódico a publicar la fotografía que acredita la cita entre Pacheco y Bateman. No sólo lo confirma, sino que resuelve una incógnita. El periodista cumplió su promesa por la apuesta perdida y acabó pagando una caja con doce botellas de whisky Chivas a los miembros del M-19.

El lobby fallido de los genocidas en Comodoro Py para pedir prisiones domiciliarias

Abogados de represores tuvieron una audiencia en la Cámara de Casación

Los grupos pro-impunidad se fueron con las manos vacías, tras una reunión con los camaristas Alejandro Slokar y Mariano Borinsky.

Por Luciana Bertoia

Los abogados de los genocidas fueron a golpear las puertas de los tribunales de Comodoro Py. A principios de semana, llegaron al primer piso del edificio de Retiro –donde la Cámara Federal de Casación Penal tiene asiento– con un largo pliego de pedidos pero con especial énfasis en conseguir la prisión domiciliaria para sus defendidos–. La reunión en el máximo tribunal penal del país tuvo ribetes tragicómicos: los atendieron dos de los jueces más criticados por ellos y una de las voceras del sector fue una exsecretaria de la Casación cuya carrera en el tribunal terminó en escándalo después de que supiera que alternaba su jornada laboral con la defensa de su padre represor. Pese a que se ocuparon de promocionar la audiencia, los grupos pro-impunidad se fueron con las manos vacías.

–¿Nos podemos sacar una foto para difundir?– preguntó el lunes uno de los cinco representantes de organizaciones pro-represores que fueron a la Cámara de Casación. Los casadores Alejandro Slokar y Mariano Borinsky –presidente y vicepresidente del tribunal– intercambiaron una mirada fugaz y asintieron sin mucho ánimo. Slokar puso cara de pocos amigos y Borinsky sonrió ante el flash de la cámara.

La foto en cuestión salió publicada en el diario La Nación junto con el planteo de las organizaciones que denostan el proceso de verdad y justicia. En la imagen se veía a quienes participaron del encuentro. A un lado de Slokar se ubicaron Alberto Solanet (Justicia y Concordia), Guilermo Fanego (Asociación Defensores de Derechos Humanos de Latinoamérica) y Aníbal Guevara (Puentes para la Legalidad). Al costado de Borinsky se pusieron Ricardo Saint Jean –hijo del gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires que quería matar a todos, incluso a los tímidos– y María Laura Olea, otra hija pródiga pero de la Cámara de Casación. Olea era secretaria de la Cámara y persona de confianza del camarista Eduardo Riggi –integrante de la vieja guardia de la Casación– cuando a finales de 2011 estalló un escándalo porque la mujer intercalaba sus tareas en el tribunal con la defensa de su padre, uno de los jerarcas del V Cuerpo de Ejército durante la dictadura.

Las organizaciones pro-impunidad pidieron la reunión después de que en marzo pasado la Casación reactualizara unas reglas prácticas para acelerar los procesos por delitos de lesa humanidad y de que sus autoridades brindaran un mensaje de apoyo al proceso de verdad y justicia. La presentación en sociedad de esas normas se hizo en una reunión en el primer piso de Comodoro Py con referentes de organismos de derechos humanos. Entre otros habían participado del encuentro Estela de Carlotto (Abuelas de Plaza de Mayo), Taty Almeida (Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora), Carlos Pisoni (HIJOS Capital), Lita Boitano y Graciela Lois (Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas). Todos habían llegado invitados por el presidente de la Casación, Slokar. Borinsky y Ana Figueroa, la otra vicepresidenta del tribunal, habían sido parte del encuentro.

Con la teoría de que no serían recibidas porque los imputados en procesos de lesa humanidad sufren un trato discriminatorio por parte de la justicia, las organizaciones pro-impunidad fueron a golpear la puerta a Casación. La respuesta fue que sus autoridades recibían a todos los que piden una audiencia. Los casadores también tenían agendada una reunión para el lunes con el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla Corti, que se postergó porque viajó a Roma.

La perorata fue bastante larga, casi tan larga como el documento de 20 páginas que entregaron en Casación. El texto llevaba las firmas de Solanet por Justicia y Concordia –una asociación creada en 2009 como respuesta a los juicios de lesa humanidad–, de Mario Cabanillas por el Centro de Estudios en Historia, Política y Derechos Humanos de Salta, de Guevara por Puentes —una entidad conformada en 2015 por familiares de represores– y de Fanego por la Asociación de Defensores de Derechos Humanos de Latinoamérica. Fanego, un abogado conocido en tribunales por su defensa de los imputados por crimenes durante el terrorismo de Estado y por su destreza para estirar procesos hasta el infinito, impulsó hacia finales de 2017 la creación de esa organización ante la desazón que les provocó que el macrismo no promovió lo suficiente el fin de los procesos por crímenes contra la humanidad. En un documento fundacional, la asociación de Fanego se jactaba por haber impulsado denuncias contra el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), el supremo Ricardo Lorenzetti y los fiscales Jorge Auat y Javier de Luca.

Los reclamos

El documento que entregaron condensa una denuncia a los procesos de lesa humanidad –algo que estas organizaciones ya intentaron sin éxito en el plano internacional– y un reclamo especial para que todos los represores estén en sus casas. De hecho, fueron a pedir a Casación un plenario para que los integrantes del máximo tribunal penal del país establezcan lineamientos para que les otorguen la domiciliaria a todos los mayores de 65 años. Slokar les dijo que solo se hacen plenarios cuando hay resoluciones contradictorias en la materia y no veía que fuera el caso.

Según los grupos pro-impunidad, los represores son sometidos a un “sistema penal discriminatorio” y raramente acceden a la domiciliaria o las excarcelaciones. Los datos duros dicen otra cosa. Según la Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad (PCCH), al 24 de marzo, solo el 21 por ciento de los imputados estaban bajo alguna modalidad de detención –en la cárcel o en arresto domiciliario– mientras que el 43 por ciento de ellos estaban libres. El resto de los genocidas están prófugos –un 1 por ciento– o muertos. En el Servicio Penitenciario Federal (SPF), solo quedan 101 represores detenidos, según pudo saber este diario.

Los abogados no perdieron el tiempo tampoco para despotricar contra la publicidad de los juicios, algo que tiene acogida en uno de los tribunales orales de Comodoro Py que tiene a su cargo el juicio sobre lo sucedido con los militantes de la imprenta del PRT-ERP. “Se usa la publicidad de los actos de estos juicios como funesto recordatorio; como homenaje a las supuestas víctimas y, simultáneamente, la evocación de hechos a una sociedad a la cual se le impone el perpetuo recuerdo, sino también un relato maniqueo que coloca a las fuerzas del orden como a los ‘malos’ y a los terroristas como ‘buenos’”, escribieron en la nota que dejaron.

También pidieron una investigación sobre el juez Daniel Rafecas, que es justamente el magistrado que instruye todas las causas del Primer Cuerpo de Ejército, y una auditoría sobre la Sala IV porque –según sus propios cálculos– siempre se pronuncia en contra de los intereses de los imputados de lesa. Borinsky ahogó una risa nerviosa porque es la sala que él preside.

Cuando estaba terminando la reunión, Solanet prometió hacerles llegar a los jueces un ejemplar de El pacto, un libro que denuncia un supuesto acuerdo entre Néstor Kirchner y el periodista y entonces presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) Horacio Verbitsky para juzgar a los criminales de lesa humanidad. Lo que había olvidado Solanet es que ya repartieron el libelo por Comodoro Py en plena pandemia. A Slokar lo describían en la publicación como portador de “actitudes militantes e ideologizadas”, lo emparentaban con el CELS, lo demonizaban por su pertenencia a Justicia Legítima y decían que él y Figueroa se niegan “sistemáticamente” a las domiciliarias y excarcelaciones.

En el acuerdo con los presidentes de las cuatro salas, Slokar comunicó que habían recibido con Borinsky a los grupos pro-represores. Entregó el documento que habían dejado a sus colegas y nadie pronunció ni una sola palabra. Todo indica que los abogados de los represores no se llevaron de ese encuentro más que una foto para el recuerdo de su paso por Casación. 

Visitas guiadas, libro sobre Malvinas y memoria abierta en un viejo centro de la dictadura

Para impulsar la creación de un espacio de memoria, una organización de Derechos Humanos realizó las recorridas junto a especialistas y el subdirector de Radio Nacional, Gustavo Campana.  Con dos visitas guiadas por las instalaciones que se intentan convertir en espacio de memoria, el exfiscal federal Germán Wiens Pinto, uno de los abogados querellantes en el juicio, Diego Vigay, así como la abogada del Ministerio Público María Isabel Sanauria, guiaron las recorridas que  iniciaron con demoras por contratiempos generados en el ingreso, pese a que la actividad contaba con autorizaciones judiciales y ministeriales.
Más de 60 personas participaron este sábado de la propuesta impulsada por la Asociación Civil del Espacio de Memoria del ExRi9, que al término de las recorridas contó con la presentación del libro “Malvinas 1982”, escrito por el subdirector de Radio Nacional, Gustavo Campana.  El exsubsecretario de Derechos Humanos de Corrientes, Pablo Vassel, fue el encargado de presentar a Campana y abrir líneas para el análisis de la obra.
Ese momento de la actividad se concentró en las galerías internas del Casino de Oficiales del regimiento, donde operó una suerte de comando de acciones de la represión ilegal que se realizaron desde ese centro clandestino.  Dicho lugar fue abierto al público por primera vez desde que se llevan adelante acciones de construcción de memoria en torno a ese sitio, ubicado en la avenida 3 de Abril casi Costanera de Corrientes.

CRIMINALIZANDO LA PROTESTA SOCIAL

Una universitaria, la primera acusada por las pintadas del #8M en la Normal Sarmiento

Es una estudiante de sociología que fue indagada este viernes en Tribunales por las pintadas. No quedó detenida.

29 de abril de 2022 – 22:39
Por primera vez, llevan como imputada ante la Justicia a una participante de la gran marcha del #8M por las pintadas en la Escuela Normal Sarmiento. Es una estudiante universitaria que quedó acusada del delito de daño agravado y que fue indagada este viernes en Tribunales. Temiendo que pudiese ser detenida, pidió la eximición de prisión a través de su abogado defensor y se la otorgaron.
En la lista de sospechosas hay cinco mujeres que ya fueron identificadas y son investigadas por la jueza Mabel Moya, del Segundo Juzgado de Instrucción, en el marco de la causa por las pintadas en la conocida escuela céntrica fundada en 1879 y declarada Monumento Histórico Nacional en 1999. La primera joven que pasó por Tribunales fue una estudiante, que se presentó ante la magistrada en compañía de su defensor, el abogado Reinaldo Bedini.
La causa penal se inició al otro día del 8 de marzo último tras la multitudinaria marcha denominada #8M, por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y que concentró a 25 mil personas -casi la totalidad mujeres- en las calles del centro sanjuanino. Esa misma tarde, un grupo de chicas pintó con aerosoles algunas consignas feministas sobre la fachada del edificio de la Escuela Normal Sarmiento, en las avenidas Alem y Sarmiento.Las pintadas no cayeron bien y despertó la indignación de las autoridades escolares y del Gobierno. Eso derivó en que la directora de establecimiento realizara una denuncia en la Seccional 3ra, mientras que la Dirección de Patrimonio Histórico de la provincia presentó una segunda denuncia en la fiscalía de turno. La jueza Mabel Moya luego abrió una causa penal y pidió a la Policía que identificara a las posibles autoras de las pintadas.“No existe constancia o una prueba concreta que diga que ellas pintaron la escuela. No hay un registro fílmico donde se vea concretamente a mi representada realizando esas pintadas. Y hasta no conocer todas las pruebas que existen en su contra, ella no va a declarar”.

La fiscal Yanina Galante también solicitó medidas, como los registros de las cámaras de seguridad. Fuentes judiciales aseguraron que, mediante esas imágenes, identificaron a la estudiante y a otras cuatro mujeres. Si bien algunas estaban encapuchadas, los investigadores dijeron que lograron individualizarlas por las prendas de vestir.

El abogado Bedini, el defensor de la joven universitaria, señaló todo lo contrario. “No existe constancia o una prueba concreta que diga que ellas pintaron la escuela. No hay un registro fílmico donde se vea concretamente a mi representada realizando esas pintadas. Y hasta no conocer todas las pruebas que existen en su contra, ella no va a declarar”.

La joven cumplió con la recomendación de su defensor al momento de presentarse ante la jueza Moya. Este viernes en la mañana se presentó a la indagatoria en el Segundo Juzgado de Instrucción por el presunto delito de daño agravado, pero prefirió abstenerse a declarar. Su abogado ya había presentado un pedido de eximición de prisión, por si disponían su detención. La magistrada hizo lugar a esta solicitud y resolvió que continúe en libertad. Ahora falta que comparezcan las otras cuatro mujeres que están bajo sospechas. El delito que se les atribuyen tiene pena de 3 meses a 4 años de prisión.

El Gobierno de Felipe González filtró datos a la dictadura argentina sobre las protestas en España por los desaparecidos

Las acciones de solidaridad hacia las Madres de Plaza de Mayo en suelo español fueron seguidas de cerca por los funcionarios del régimen de Videla, que llegaron a obtener información directa del Ejecutivo del PSOE.

 

Felipe González
El expresidente del Gobierno, Felipe González, durante un coloquio en el Ateneo de Madrid el pasado 18 de febrero.  Carlos Luján / EUROPA PRESS

No había forma de esconder el horror. Tampoco era fácil salir vivo del infierno. Por unas razones y otras, España fue uno de los lugares de Europa al que llegaron refugiados argentinos y, al mismo tiempo, se convirtió también en uno de los escenarios donde se denunciaron los horrendos crímenes de la dictadura argentina y se mostró solidaridad y apoyo hacia las Madres de Plaza de Mayo.

Este sábado se cumplen 45 años de la primera marcha de aquel grupo de mujeres frente a la sede del Gobierno argentino, ocupada desde el 24 de marzo de 1976 por los militares golpistas. En ese contexto de graves violaciones a los derechos humanos, las Madres de la Plaza de Mayo pedían por la vida de sus hijas e hijos. El grito cruzó a este lado del Atlántico, donde se desplegaron distintas acciones contra el sanguinario régimen de Jorge Rafael Videla.

Consciente de la repercusión pública de esas denuncias, la dictadura no tardó en montar un dispositivo en Europa para hacer un detallado seguimiento de esas acciones y vigilar al cada vez más numeroso colectivo de exiliados argentinos en España.

La embajada argentina en Madrid y los consulados repartidos por distintas ciudades se convirtieron en los cuarteles principales donde operaban los enviados por la dictadura argentina, normalmente revestidos de personal diplomático.

Según consta en un documento al que ha tenido acceso Público, el Gobierno de Felipe González puso su grano de arena en esa tarea de control y seguimiento que realizaba el régimen argentino a este lado del Atlántico.

El 7 de noviembre de 1983, con la dictadura ya a punto de entregar el poder al presidente electo Raúl Alfonsín, el gobernador civil de Madrid, José María Rodríguez Colorado, se puso en contacto con la embajada argentina para avisarle de que empezarían a celebrarse concentraciones delante de la sede diplomática, que seguía a cargo de la dictadura.

En una nota remitida a la representación del régimen argentino en España, Rodríguez Colorado señalaba que “el delegado de Seguridad del Ayuntamiento de esta capital” había resuelto “conceder autorización a María Esther Argüelles Menéndez, quien en nombre de varias asociaciones de mujeres” había solicitado permiso “para llevar a cabo una concentración todos los primeros jueves de cada mes, a las 11 horas y con una duración de media hora, delante de esa embajada”.

Además de aportar el nombre de la mujer que había solicitado la correspondiente autorización en el ayuntamiento, el gobernador civil indicaba además que tenía como objetivo “solidarizarse con las Madres de la Plaza de Mayo“.

La decisión de facilitar esos datos al régimen argentino podía entrañar graves riesgos y se enmarcó en un contexto sumamente delicado. Tres años antes, la dictadura argentina había asesinado en Madrid a una de esas madres: Noemí Gianotti de Molfino, una mujer que denunciaba el secuestro y desaparición de su hija y su yerno, fue secuestrada en Lima en junio de 1980 y traída a la capital española por sus captores, que acabaron con su vida en un hotel de la calle Muralto. El caso fue cerrado en cuestión de meses por un juzgado de Madrid pese a que, entre otras pruebas, existían huellas dactilares de los asesinos.

Intercambio de apoyos

Pese a esos antecedentes, el Gobierno de Felipe González no sólo no dudó a la hora de filtrar datos a la embajada de la dictadura sobre las protestas en Madrid, sino que también mantuvo contactos directos con el régimen para tratar de cerrar acuerdos a nivel diplomático.

De acuerdo a distintos documentos recopilados por este periódico en Buenos Aires, el Ejecutivo que encabezaba González hizo gestiones ante el Ministerio de Exteriores de Argentina para conseguir el apoyo de los representantes de la dictadura a la hora de tratar de acceder a distintos organismos internacionales, siguiendo una lógica sencilla: si los representantes argentinos apoyaban a los diplomáticos españoles, este país haría lo mismo. Según los expedientes que obran en poder de Público, esto ocurrió al menos en seis ocasiones durante 1983.

En febrero de ese mismo año, González recibió en Madrid a una delegación de las Madres de Plaza de Mayo, ante quienes se mostró “muy comprensivo y humano”, dijeron a la salida de aquella reunión Hebe de Bonafini y María Adela Antokoletz, las representantes de esa asociación que habían viajado a España.

Dos meses después, el entonces mandatario del PSOE se expresó en similares términos en una carta remitida a Carmen Vidal Fernández, representante de la Comisión de Españoles con Hijos Secuestrados en Argentina.

“Ustedes saben que el Gobierno se ha solidarizado en todo momento con las familias de víctimas de estos secuestros y estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para llegar al total esclarecimiento de los hechos”, decía la carta remitida por González.

Cartas dictadura argentina
A la izquierda, nota del Ministerio de Asuntos Exteriores del 23 de abril de 1983, en la que pide el apoyo de la dictadura argentina para obtener un puesto en la OMM. A la derecha, carta de Felipe González a una familiar de desaparecidos, enviada el 27 de abril de 1983.  PÚBLICO

Cuatro días antes, su Gobierno se había dirigido por escrito al régimen argentino, pero no precisamente para reclamar por la vida de los españoles secuestrados: el Ejecutivo del PSOE pedía el apoyo de la embajada de la dictadura para que apoyara la candidatura de España a uno de los puestos del Comité Ejecutivo de la Organización Mundial de Meteorología (OMM).

Protección policial

Los contactos eran por entonces fluidos. Pocas semanas después, la delegación diplomática argentina se dirigía al Gobierno español a efectos de solicitar “vigilancia policial exterior” para las oficinas consulares de la dictadura en Madrid, Barcelona, Bilbao, Cádiz, Vigo y  Las Palmas.

En agosto de ese mismo año, el gobernador militar de Tenerife, Pedro Ravina Méndez, se dirigía por escrito al “excelentísimo embajador de la República Argentina” para disculparse por no poder asistir a un cóctel que la delegación diplomática había organizado en un hotel de esa isla a raíz de la visita de la fragata Libertad, tripulada por militares de la dictadura. Ravina aclaró en su nota que no asistiría al acto “por encontrarse en esa fecha fuera de esta plaza en viaje oficial”.

https://www.publico.es/politica/gobierno-felipe-gonzalez-filtro-datos-dictadura-argentina-protestas-espana-desaparecidos.htm

HASTA LA VICTORIA ELOY

Un gran aporte de Eloy Camus a la Historia de San Juan en estos tiempos de negacionismo.
Se trata de la “ópera prima” del director Eloy Camus, producida y realizada por la Universidad Nacional de San Juan.
Las primeras escenas de ficción de “Deudas y deudos” tienen como objetivo buscar la atención del espectador para introducirlo en el hecho inédito que sucedió en San Juan, donde se tomó la Legislatura Provincial como el primer centro clandestino de detención en esa provincia, una vez consumado el golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976.
El Poder Legislativo de San Juan, donde se reúnen los representantes del pueblo, fue convertido por las fuerzas represivas en un centro de torturas y vejámenes, a funcionarios públicos del gobierno derrocado, diputados provinciales, miembros del Poder Judicial incluido el presidente de la Corte, dirigentes sindicales y cientos de militantes de la Juventud Peronista y de la Juventud Universitaria Peronista. La omnipresencia del terrorismo de Estado quedo plasmada, devastando toda resistencia institucional o popular.
Deudos y Deudas (HISTORIA MILITANTE)
El relato testimonial lleva de buscar el origen de la violencia, que se puede sintetizar en el bombardeo de la Plaza de Mayo en junio de 1955, el derrocamiento del General Perón, la profanación de los restos de Eva Perón, los fusilamientos de 1956, 18 años de proscripción del peronismo.
El objetivo de la película es generar el debate sobre el pasado de San Juan, exponiendo una visión política e ideológica, para seguir profundizando la democracia a través del debate sobre los temas más dolorosos de su historia.
Deudas y deudos

Río Grande: la fiscalía amplió su requerimiento por tormentos a soldados en Malvinas e incorporó casos de abuso y antisemitismo

A 40 años del inicio de la Guerra de Malvinas, la causa se encuentra virtualmente paralizada, a la espera de la resolución de la Corte Suprema, que se tiene que expedir sobre si las torturas a los conscritos durante el conflicto bélico son delitos de lesa humanidad. El MPF sigue impulsando la acción y, en esta nueva presentación, analizó la inmersión en aguas heladas como método de tortura y casos de abuso sexual en un contexto de antisemitismo cometidos contra 24 víctimas. Pidió el llamado a indagatoria de 19 imputados.

En la víspera del 40° aniversario del desembarco en las Islas Malvinas, que inició la Guerra del Atlántico Sur, el titular de la Fiscalía Federal de Río Grande, Marcelo Rapoport, y la titular de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, María Ángeles Ramos, presentaron este martes una ampliación de requerimiento en la causa en la que se investiga cómo las autoridades militares con asiento en las islas habrían ordenado y ejecutado distintos delitos calificados como crímenes de lesa humanidad en perjuicio de los soldados conscriptos.

En esta oportunidad la fiscalía sumó a los hechos investigados 22 casos de imposición de tormentos -por los que imputó a 18 oficiales y suboficiales del Ejército- y 2 de abuso deshonesto -imputados a otro suboficial- cometidos contra soldados del Regimiento de Infantería Mecanizado (RIMec) N° 3. Esta ampliación, que incorpora los delitos sexuales y destaca hechos de antisemisitmo, parte de un nuevo análisis que hizo el Ministerio Público Fiscal sobre las pruebas que se incorporaron a partir de desclasificación de todos los archivos de las fuerzas armadas relativos al conflicto por Islas Malvinas.

Asimismo, los representantes del MPF describieron la actividad de inteligencia sobre los ex combatientes y las organizaciones que los nucleaban desde el mismo momento de la rendición e incluso con posterioridad a la vigencia del Estado constitucional y acción psicológica ejercida por el aparato represivo estatal durante la guerra.

Además, ante el letargo de la causa, describieron en el documento las razones por las que el Estado argentino se encuentra internacionalmente obligado a investigar y juzgar a los responsables de estos crímenes.

La causa, que se inició en el 2006, está paralizada desde mayo del año pasado, después de un pronunciamiento dictado por la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal que, ante un recurso de casación interpuesto por una de las defensas, determinó por mayoría que los supuestos ilícitos no eran delitos de lesa humanidad y que, por ende, estarían prescriptos. Ese fallo fue recurrido por el MPF y por los querellantes ante la Corte Suprema, por lo que la jueza federal de Río Grande, Mariel Borruto –que había calificado los delitos como de lesa humanidad-, optó por aguardar ese pronunciamiento para continuar con el desarrollo de la investigación.

“Las torturas en Malvinas fueron una práctica generalizada a la que fueron sometidos los conscriptos por parte de las autoridades militares como una forma de ‘controlar’ los problemas vitales que generaba entre la tropa la falta de distribución de víveres y abrigo”.

Antisemitismo y abusos sexuales

Según consta en la presentación del MPF, durante la guerra las autoridades militares con asiento en las islas ordenaron y ejecutaron contra cientos de soldados conscriptos diversos actos de tortura, entre ellos los conocidos “estaqueamientos” y “enterramientos”, como así también, en el caso particular del RIM N°3, la inmersión en aguas heladas y el ensañamiento con soldados con apellidos de origen judío. Esos tormentos fueron la respuesta que dieron los superiores ante los reclamos por los padecimientos que generaron, fundamentalmente, la falta de abrigo y comida de la tropa.

El requerimiento describe el arraigado sentimiento antisemita dentro de las fuerzas armadas argentinas y señala que ya en el informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), presentado en 1984, se destacó que durante el terrorismo de Estado los individuos detenidos en centros clandestinos cuyos apellidos eran de origen judío, estuvieron expuestos a vejámenes mayores que el resto de las víctimas de la represión y la tortura. Particularmente en el contexto de Malvinas, se los cuestionaba por no considerarlos argentinos, acusándolos de cobardes o traidores.

Al respecto, la fiscalía citó el testimonio de un soldado que integró el RIMec Nº3, quien expresó que un subteniente -quien fue identificado e imputado- lo discriminaba constantemente por su condición religiosa. Expresó que el militar siempre hacía referencia a eso y le atribuía la culpa de todo lo malo que pasaba, provocando así resentimientos entre sus compañeros. “Flores Ardoino me castigó todos los días de mi vida en Malvinas por ser judío”, dijo.

De los hechos ya denunciados, junto a los padecimientos sufridos como la inmersión en aguas heladas, los estaqueamientos, las brutales golpizas y forzar a comer excrementos, la fiscalía agregó en esta ampliación los hechos de abuso sexual que sufrieron dos conscriptos.

En este sentido, el y la fiscal indicaron que los hechos delictivos previamente descriptos no fueron acontecimientos aislados e inconexos, ni respondieron a móviles personales de sus ejecutores. “Contrariamente, las torturas en Malvinas fueron una práctica generalizada a la que fueron sometidos los conscriptos por parte de las autoridades militares como una forma de ‘controlar’ los problemas vitales que generaba entre la tropa la falta de distribución de víveres y abrigo”, señalaron, y agregaron que “la falta deliberada de alimentos por la no distribución de los mismos fue la causa directa de las muertes de algunos soldados”.

Al respecto, citaron un fragmento de un informe emitido por el capitán de navío Eduardo Pérez Millán, dirigido al jefe de Inteligencia del Estado Mayor de la Armada, en el que indicó que “pudo haber problemas de alimentación en el Ejército, pero más por inadecuada distribución que por falta de abastecimiento”.

En sus declaraciones los excombatientes señalaron que se los obligó a firmar documentos en los que se comprometían a guardar silencio. Uno de ellos recordó que lo amenazaron con hacerlo desaparecer si no firmaba.

Acciones psicológicas

El y la fiscal señalaron que, tras el conflicto bélico, las fuerzas armadas implementaron, a través de múltiples acciones, una política tendiente al ocultamiento de aspectos relevantes sobre lo ocurrido, entre ellos, principalmente, las torturas infligidas a los conscriptos. Para ello, indicaron, entre otras medidas, dispusieron el control de la información mediante acciones psicológicas sobre los soldados e inteligencia ilegal sobre éstos y las organizaciones que los nuclean.

En ese marco, surge de las distintas declaraciones que se obligó a los ex combatientes a firmar documentos en los que se comprometían a guardar silencio. En su declaración testimonial, uno de ellos recordó incluso que lo amenazaron con hacerlo desaparecer si no firmaba.

De modo simultáneo a las acciones psicológicas dirigidas contra las víctimas, se ordenó la prohibición de dar declaraciones a la prensa y se efectuó un control sobre lo que era publicado en los medios de comunicación. Además, se hizo seguimiento de ex conscriptos y agrupaciones de veteranos que realizaron denuncias, indicó la fiscalía.

También describió cómo, durante la guerra, desde el Estado Mayor Conjunto se terminó centralizando toda la información que se publicaba en medios periodísticos respecto de los hechos que ocurrían en Malvinas. Esto surge de la declaración en el  informe de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur (conocido como Informe Rattenbach) del capitán de Fragata Salvio Olegario Ménendez, quien durante el año 1976 operaba como jefe de un Grupo de Tareas en la Escuela de Mecánica de la Armada y estuvo a cargo del control de la información que se publicaba en los medios de comunicación respecto de la Guerra de Malvinas.

Con la desclasificación de todos los archivos de las fuerzas armadas relativos a Malvinas, se pudo acceder a datos ciertos y rigurosos que permitieron contrastar los testimonios con elementos respaldatorios y reconstruir con mayor precisión los hechos denunciados.

El proceso judicial

La causa por torturas en Malvinas se inició en 2006, por una denuncia presentada por un exsoldado ante la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y luego ante el MPF. A esta denuncia inicial, se sumaron otras, que describieron los tormentos padecidos a mano de sus superiores durante su participación en el conflicto bélico.

En un primer momento, la reconstrucción del despliegue y de los hechos se planteó exclusivamente en base a los testimonios y a la colaboración que prestaba el Ministerio de Defensa. A partir de 2015, con la desclasificación de todos los archivos de las fuerzas armadas relativos a Malvinas, se pudo acceder a datos ciertos y rigurosos que permitieron contrastar los testimonios con elementos respaldatorios y reconstruir con mayor precisión los hechos denunciados.

En octubre de 2017, el fiscal Rapoport solicitó la colaboración de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad para la tramitación de la causa. Las Islas Malvinas se encuentran dentro de la jurisdicción de la Fiscalía Federal de Río Grande, situada en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. En el marco de ese pedido de colaboración se elaboró un proyecto de requerimiento de instrucción -pieza necesaria para la apertura de una investigación penal- y un plan de trabajo para el avance de la pesquisa.

El 11 de mayo de 2018 el fiscal Rapoport, con la colaboración de la Procuraduría, presentó un requerimiento de instrucción que se circunscribió a los ilícitos cometidos en el ámbito de actuación del Regimiento de Infantería N° 5, dependiente de la Brigada de Infantería III, desplegado en la Isla Gran Malvina. En esa presentación el MPF impulsó la acción penal sobre 22 de los hechos delictivos más graves que ocurrieron en aquella unidad militar e imputó los crímenes denunciados a 26 oficiales y suboficiales que revistaban allí.

Finalmente, entre el 5 y 6 de diciembre de 2019 se tomaron las primeras cuatro declaraciones indagatorias en la causa, a los imputados Miguel Angel Garde, Belisario Affranchino Rumi, Gustavo Calderini y Eduardo Grassino. El acto tuvo lugar por videoconferencia, con la presencia de miembros de la Procuraduría conjuntamente con el fiscal Rapoport. El 18 de febrero del 2020 la jueza Borruto dictó el procesamiento de los cuatro indagados, por los delitos de tormentos y amenazas, y caracterizó los hechos de la causa como delitos de lesa humanidad.

El 4 de mayo del año pasado, la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal, por mayoría, resolvió hacer lugar al recurso de casación interpuesto por la defensa de otro de los imputados, quien reclamaba que los crímenes por los cuales fue acusado no encuadran en la categoría de lesa humanidad, y que por lo tanto estarían prescriptos. El fallo fue recurrido por el MPF y por los querellantes ante la Corte Suprema. La jueza Borruto optó por aguardar al pronunciamiento del máximo tribunal para continuar con el desarrollo de la investigación y suspendió las citaciones a indagatoria de los restantes imputados que ya estaban fijadas.