“Hacedores de memoria”, a diez años del primer juicio

Homenaje y distinción a sobrevivientes de la Esma

“Hacedores de memoria”, a diez años del primer juicio

Por Ailín Bullentini
En la Plaza de los Derechos Humanos del campo clandestino de la Armada. (Fuente: Verónica Bellomo)
En la Plaza de los Derechos Humanos del campo clandestino de la Armada.. Imagen: Verónica Bellomo

De frente y en alto, la fachada del edificio conocido como “el Cuatro Columnas” lleva el nombre “Escuela de Mecánica de la Armada”. De espaldas, esa construcción da a la plaza principal del lugar donde cerca de cinco mil personas estuvieron secuestradas durante la última dictadura cívico militar. Esa plaza rebautizada “Plaza de los Derechos Humanos” tuvo, ayer, un escenario y tres sillones. Dos estuvieron ocupados por sobrevivientes del centro clandestino y uno quedó vacío. “No, vacío no está”, dijo Néstor Fuentes, que pasó por el Casino de Oficiales entre octubre y noviembre de 1976. “En este sillón vacío estamos los cinco mil, los que logramos salir y los que no”, señaló desde el escenario. Fue uno de los pocos en hablar mirando a una audiencia que, desplegada en el patio, lo oyó emocionada, lo aplaudió conmovida. Fueron, en su mayoría, compañeros y compañeras de “historia, de determinación”, como se y les definió Noemí “Munú” Actis. Ella, Néstor y las decenas de ex detenides desaparecides que asistieron ayer al reconocimiento que el directorio del Espacio Memoria que funciona en la Esma les otorgó, sufrieron los crímenes de los represores, sobrevivieron, reconstruyeron aquellos días y lo contaron ante la Justicia y de cara a la sociedad.

“Hacedores de memoria” se llama el reconocimiento con el que el directorio del Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos  que funciona en la Esma desde 2004, por decreto del presidente Néstor Kirchner, homenajeó a les sobrevivientes del centro clandestino por sus “aportes en la construcción de verdad y memoria sobre el terrorismo de Estado y sus consecuencias en el proceso de memoria, verdad y justicia”. La fecha fue especialmente elegida: esta semana se cumplieron diez años del primer fallo que condenó a represores por los crímenes de Estado en ese sitio.

Las cita les convocó a las 18.30 en la Plaza de los Derechos Humanos y el cierre fue la proyección de “Cazadores de utopías”, el documental en el que David “Coco” Blaustein recuperó muchas de sus historias. Fueron llegando con la caída del calor, se gritaban a la distancia a medida que se reconocían detrás del barbijo,  revoleaban los brazos, se abrazaban, se tomaban de las manos. “Tanta alegría de volver a vernos”, se oyó por allí. Algunas, como Miriam Lewin, la “Negrita” García, la “China” y Ana Testa, llegaron juntas, venían desde el Museo Sitio de Memoria, donde participaron de la Visita de las Cinco. Otres, como Pilar Calveiro y Silvia Labayrú, vinieron desde México y España, respectivamente.

“Sabemos que este reconocimiento no es suficiente en comparación con todo lo que han hecho, construido y seguirán haciendo por su tenacidad”, opinó Guillermo Amarilla Molfino, representante de Abuelas de Plaza de Mayo en el directorio del Espacio Memoria. Fue él quien primero en la tarde definió el homenaje como “un abrazo colectivo”, que más tarde, sobrevivientes agradecerían “con el alma”. “Su tarea va a quedar para la historia porque sembró identidad y construyó familia”, continuó. Paula Sansone, compañera de Guillermo en Abuelas y en el directorio, agradeció la presencia de las decenas de sobrevivientes presentes y recordó a quienes, testigos del horror y testimoniantes desde su libertad, “hoy ya no están”: Alberto Girondo, Andrea Bello, Cachito Fucknan. Sara Solarz de Osatinsky, Thelma Jara de Cabezas, Víctor Basterra, Mario Villani, entre otres. La familia de Basterra, uno de los testigos principales en la Megacausa Esma, fue recocida al cierre del acto por la Legislatura porteña.

Antes de Néstor Fuentes, Ana “Rosita” Soffiantini, quien permaneció encerrada entre 1977 y 1978, reversionó en plural unos versos de “Como la cigarra”, de María Elena Walsh. “Tantas veces nos borraron, tantas veces desaparecimos, a nuestro propio entierro fuimos, solos y llorando. Hicimos ese nudo en el pañuelo que nos permitió después poder abrir la memoria”, recitó y agradeció “este hermoso abrazo que nos están dando, muy sentido, lo necesitábamos”.

PIlar Calveiro y Munú Actis coincidieron en lo grato del reconocimiento como un “abrazo”. “Este es el reconocimiento de los civiles, que se suma al de la Justicia. Me llega profundamente al alma”, sostuvo Munú, quien recordó que “no fue fácil sentarse a declarar, reconstruir lo que pasó acá adentro” ya que “se desconfiaba de nosotros porque estábamos vivos” y reivindicó “a los sobrevivientes que conozco a los que no conozco, a los que han declarado y a los que no han podido hacerlo. Si no pudieron es porque de alguna forma no han superado el salir de este lugar”. También agradeció a “los abogados, a los fiscales, a todos los que nos ayudaron a llegar ahí”. Mercedes Soiza Really, fiscal del juicio “Esma Unificada”, aplaudió desde la audiencia.

Calveiro estaba emocionada de haber podido cumplir con su objetivo de regresar a Argentina para encontrarse con “quienes compartimos esta situación de haber sufrido secuestro y torturas en Esma, de haber salido con vida, de haber recordo y testimoniado una, dos, tres, diez veces y abrazar a todos ellos”. Destacó que “cada uno en su lugar construye no una memoria, son muchas memorias, y todas aportan este proceso que es colectivo. Agradecida a todos y a cada uno, a toda esa pluralidad, a este colectivo”.

El acto cerró con el renombramiento de la calle Thorne –una de las laterales del Cuatro Columnas– como “19 de Marzo de 2004”, fecha en la que les sobrevivientes regresaron por primera vez al predio. Antes, subieron todos al escenario a descubrir la estatuilla que los reconoce como “Hacedores de Memoria”, y que quedará en el hall central del edificio para que el público la vea siempre. Y entonces se amontonaron, se rieron juntes, alzaron los dedos en V y gritaron fuerte que los 30 mil estarán presentes ahora y siempre.

Catalina De Sanctis: “Te cuento el horror de crecer con los asesinos de mis padres desaparecidos”

Catalina De Sanctis: “Te cuento el horror de crecer con los asesinos de mis padres desaparecidos”

Virginia Nesi

A 45 años del golpe militar argentino, hay más de 300 niños secuestrados nada más nacer que aún no han conocido a su familia de origen. Solo saben quiénes son los padres “bárbaros” a los que se les ha confiado. Con motivo de la jornada por el derecho a la identidad, celebrada hoy en Argentina, una entrevista exclusiva con una nieta “retornada”. En un reportaje, dividido en tres etapas, la lucha ininterrumpida de las Abuelas de Plaza de Mayo por la justicia

Acerca las imágenes a la cámara, las mira antes de meterlas en la bolsa. “Esta es una foto de mi mamá, una fotocopia , cuando era niña me parecía mucho a ella”, dice. “Aquí está en la escuela, algunos compañeros no querían que los vieran”, agrega. Con el dedo señala pequeños trozos de papel que cubren las caras de dos alumnos. Quiere cuidar las fotografías que ha regalado para que no se arruinen, quiere buscar un lugar para guardarlas pronto para “tenerlas cerca”. Ella es Laura Catalina De Sanctis Ovando , 44 años, hija de desaparecidos , encontrada tras la investigación de las Abuelas de Plaza de Mayo., la organización no gubernamental creada en 1977 para buscar niñas y niños, ahora adultos, nacidos en cautiverio durante los secuestros de la dictadura militar (1976-1983), y luego entregados en adopción a parejas cercanas al régimen. Luego, el gobierno de facto llevó a cabo lo que los militares llamaron el “Proceso de Reorganización Nacional”, un plan basado en la política del terror para combatir la subversión. Más de 30.000 personas de todas las edades desaparecieron en Argentina . El país los llamó desaparecidos , los desaparecidos. Según lo informado por Nunca más, el informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep), se trata de hombres y mujeres “capturados, torturados y enterrados como no identificados o arrojados vivos al mar por aviones de la Armada en los denominados vuelos de la muerte “. Aún no se han encontrado los restos de muchos.

Miryam Ovando (tercera, sentada, abajo a la derecha) con sus compañeros de escuela, 1970/71Miryam Ovando (tercera, sentada, abajo a la derecha) con sus compañeros de escuela, 1970/71
Los niños como botín de guerra

Aproximadamente 500 bebés han sido robados como “botín de guerra” y luego registrados como hijos legítimos de miembros de las fuerzas represivas. Ciento treinta el nipo que tú y tus nietas encontraste hasta ahora por las Abuelas. Las dos últimas datan de 2019. Las imágenes que Catalina nos muestra a través de Zoom representan los recuerdos de un pasado que le fue ajeno durante mucho tiempo. Durante al menos 30 años supo que era María Carolina Hidalgo Garzón , nacida el 15 de agosto de 1977 en el hospital militar de Campo de Mayo. Sin embargo, en su interior admite que había tenido dudas e incertidumbres sobre sus apropiadores desde que era niña.. Así llama a las dos personas que la criaron. “Les pregunté cómo era el embarazo porque no tenían fotos -declara-, me dijeron que nací siete meses, luego ocho”. Tiene veinte años cuando sospecha que no es su hija . Cuando ve una campaña de las Abuelas en la televisión , está casi segura de que es una nieta desaparecida . Pero le da miedo comprender, investigar.

La necesidad de conocer la verdad, el miedo a conocerla.
Catalina, 1983/1984

Catalina, 1983/1984

«El hombre que me crió me pareció perverso y pudo haber cometido esos actos de los que habla la gente – dice Catalina -. También me pregunté si podría haber violado a mi mamá . Me desprendí de todo, tarde o temprano habría descubierto la verdad, necesitaba saberlo, pero ese no era el momento ». Cuando habla de ello con la mujer que la crió, ella finalmente lo admite. Él le dice que es hija de personas consideradas subversivas: su padre había muerto en una pelea mientras sus abuelos no querían saber nada. Los apropiadoresmienten asegurándole que la salvaron. Si quería saber quiénes eran sus padres, ellos, los “padres adoptivos”, irían a la cárcel. El miedo a conocer la verdad paraliza a Catalina. Ella decide dejarlo ir. Entonces algo en su mente cambia: ” Me empezó a pesar señalarlos como padre y madre , la forma en que me exigían que los defendiera, tantos pensamientos me enfermaban”.

Campos de detención y tortura

Para entender bien el desarrollo de esta historia, retrocedamos en el tiempo casi medio siglo. Estamos en 1974. Raúl estudia antropología, Miryam estudia psicología. Son dos novios militantes de los Montoneros , una organización guerrillera vinculada al movimiento peronista. Dos años después, en 1976, el general Jorge Rafael Videla encabezó el golpe militar que derrocó a Isabelita Perón . Las redadas de casas contra los llamados subversivos están aumentando . Las personas objetivo son estudiantes, activistas, trabajadores, intelectuales, sindicalistas, periodistas. Hombres y mujeres que apoyan la justicia social, pensamientos políticos socialistas y comunistas.. El secuestro se convierte en el método de arresto de personas por “razones de seguridad nacional”. Raúl y Miryam deciden mudarse a otra casa. En abril de 1977, secuestraron a Miryam y la llevaron a un centro de detención clandestino . Está embarazada de seis meses cuando se enfrenta a la tortura militar. En mayo del mismo año también secuestran a Raúl. Cuatro meses después, Miryam, con la ayuda de un joven soldado, envía una carta a la familia informándoles que nació su hija: Laura Catalina. No sabes que han secuestrado a Raúl. Raúl nunca tendrá la certeza de haber sido padre.

Miryam Ovando y Raúl René de Sanctis Terré, nacidos en 1974. Desaparecidos en 1977Miryam Ovando y Raúl René de Sanctis Terré, nacidos en 1974. Desaparecidos en 1977
La fecha de nacimiento falsificada

Desde el día en que la separaron de su madre, Catalina tiene información vaga. “Yo debí haber nacido entre el 11 y el 15 de agosto, mi apropiadora dice que nací el 15 y me tomó el 22”, prosigue. En realidad , el 15 de agosto de 1977 es la fecha amañada en la que informan el día del supuesto nacimiento. Ella solo elige después de las 11 como fecha de nacimiento. En 1982 los abuelos denunciaron la desaparición de Miryam y Raúl a las Abuelas y, posteriormente, el grupo legal de las Abuelas a su vez interpuso denuncia en el Juzgado Federal N4.de la ciudad de Buenos Aires. Las denuncias se suman a llamadas anónimas advirtiendo sobre el secuestro de un niño. Mientras tanto, el caso en audiencia pública continúa. Un juez convoca a Catalina y luego llega la orden de llevarse algunos de sus objetos personales . “Primero me preguntaron si quería hacerme una prueba de ADN, pero no quería saber”, admite. La aterrorizaba saber la verdad, “asumir esa carga”. “Vinieron a mi casa y se llevaron un par de calcetines, un cepillo de dientes y algo de ropa interior”, dice. Es 2008 y los resultados del ADN confirman que es hija de desaparecidos . Mientras tanto, el Banco Nacional de Datos Genéticos , el primer banco creado en el mundoPara la recolección de datos genéticos, los abuelos de Catalina ya dejaron sus muestras de sangre. “ Tuve que distanciarme para darme cuenta de quién me buscaba, para darme cuenta de que mi apropiadora sabía que iban a matar a mi madre . Rompí el vínculo con ellos y me comuniqué con mi familia -continúa-. Los considero los asesinos de mis padres . Mientras habla, Catalina se toca el pelo varias veces, aparta la mirada de la cámara para encontrar las palabras adecuadas.

“Agradezco a las Abuelas”

Catalina, 1986

Catalina, 1986

Cuando recupera su identidad, descubre que los abuelos que la buscaron ya están muertos. En 2010 conoció a su familia, solo dos años después recibió un nuevo documento con su nombre real. “Estoy agradecido con las Abuelas : si no hubiera sabido la verdad, hubiera sido una vida en vano. Me habría golpeado la cabeza contra la pared por tantos temas sin entender que en ese momento, la razón por la que me sentía perdido tenía que ver con la apropiación ». Vuelve por un momento en silencio. Lo que le duele ahora es la idea de no haber podido ser “la hija de sus padres”. «He sido de mis apropiadores , ese era mi papel», Especifica. Pero la búsqueda de la verdad aún no ha terminado para ella. Echa de menos recuperar los restos. “No sé si los encontraremos: el hombre que me crió, un oficial del servicio secreto, le dijo a mi socio que llamó a algunos de sus contactos para saber si habían volado el paquete “, especifica. El paquete al que se refería es su madre. El vuelo es el viaje aéreo en el que se subió a los secuestrados para ser arrojados al Río della Plata o al mar. Montaban gente, bajaban desaparecidos.

Negacionismo

Casi cincuenta años después de los vuelos de la muerte, muchos aún niegan o subestiman los hechos de ese período histórico. «Es un tema de actualidad no solo por las heridas de las víctimas , sino por la cuestión ideológica. El pensamiento de negación evoluciona constantemente y se aleja de la verdad ” , dice Catalina. El pasado todavía pesa sobre el presente. Las mentiras de las personas que la criaron contaminaron la verdad histórica y también su infancia. Su identidad la define como una construcción , algo que sigue moldeando a través de las elecciones diarias, “pero ahora puedo elegir quién quiero ser , si no hubiera sabido nada, hubiera tenido la ilusión de seguir siendo alguien”.al que le falta algo ». Cuando habla de la necesidad de comprender, Catalina se define a sí misma como una persona curiosa, ” no querer saber es negar “. Pero aceptar la realidad también provoca una herida profunda, difícil de nivelar, sobre la que se alternan capas de dolor con capas de coraje. Incluso hoy, cuando acude a los reconocimientos médicos y le pregunta si ha tenido en el pasado ciertos problemas de salud o enfermedades en su familia, responde que no lo sabe. «Digo que soy un sobrino” regresado “. Esto ya lo explica todo, no hace falta añadir nada más -admite-. Hay gente que teme que el pasado les cierre las puertas porque queda un prejuicio político ».

Raúl de Sanctis (el primero a la izquierda, con los brazos abiertos) con sus compañeros, 1973/1974 Raúl de Sanctis (el primero a la izquierda, con los brazos abiertos) con sus compañeros, 1973/1974
Catalina, 2021
Catalina, 2021
Familia extendida

Catalina De Sanctis no se definiría como una persona fuerte, a decir verdad se siente “bastante débil”. Sin embargo, para ella, nacer de una madre esposada y torturada es un obvio acto de fuerza. Siente que tiene una tarea ahora: dignificar la vida, honrar a sus padres. Si al principio solo veía lo que le faltaba, ahora se centra en lo que tiene , “mucho y por suerte con alguien con quien compartirlo”. Sonríe cuando nombra a su compañero Rodrigo, su familia, amigos y personas con las que se encuentra. Pero en su familia, además de dos gatos y tres perros, también hay otros nietos recuperados . «Nos entendemos, sabemos lo que hemos vivido – dice Catalina – nos consideramos hermanos”. Aunque viven en diferentes provincias, organizan más reuniones a lo largo del año. Muchos colaboran con las Abuelas en la búsqueda de nietos desaparecidos. Trabajas en Conadi , la comisión nacional por el derecho a la identidad, en el área genética donde se reconstruyen los árboles genealógicos de grupos familiares en busca de desaparecidos . A su juicio, el de los nietos desaparecidos es un problema de mucha actualidad porque “tener nietos para encontrar significa que aún hoy se está cometiendo el crimen”.”. Entre los desaparecidos y desaparecidos se encuentran hombres y mujeres mayores de 40 años. La edad avanzada aumenta las dificultades para localizar a los niños robados durante el régimen. Recuperar tu identidad significa indagar en ti mismo, reflejarse en un pasado marcado por el sufrimiento. La de las abuelas de Plaza de Mayo es una lucha ininterrumpida contra el tiempo, pero “ahora nos toca a nosotros seguir buscando a los que faltan”.

DESAPARECIDxS Y ASESINADxS DE Y EN MENDOZA ENTRE 1971 Y 1983

DESAPARECIDxS Y ASESINADxS DE Y EN MENDOZA ENTRE 1971 Y 1983
Este listado ha sido elaborado desde 2015 por equipo del Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos exD2 de Mendoza, cotejando
información y listados elaborados previamente por organismos de derechos humanos, por la referenta Susana Muñoz y por el Registro
Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE) de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
La sistematización fue realizada con apoyo del Proyecto de investigación “Territorios de la Memoria” y de las prácticas socioeducativas de la carrera de Sociología, ambas instancias de la UNCuyo. Actualmente sigue su ampliación a través del equipo de trabajo “Trayectoriasde vida”.
Este listado es -será por largo tiempo, o tal vez por siempre- preliminar; sujeto a modificaciones en base a nueva información que surja de diversos ámbitos: familiares, compañerxs, nuevas denuncias, datos obtenidos en juicios por delitos de lesa humanidad, entre muchos otros.
Por este motivo, solicitamos utilizar este registro citando siempre fuente y aclarando la fecha de última actualización, dato que consta al pie de página.
Si tenés más información que amplíe o modifique datos consignados en este listado,o imágenes relativas a estxs compañerxs y su época, podés comunicarte a espacio.memoria.mendoza@gmail.com y los Derechos Humanos exD2 de Mendoza, cotejando información y listados elaborados previamente por organismos de derechos humanos, por la referenta Susana Muñoz y por el Registro Unificado de Víctimas del DESAPARECIDxS Y ASESINADxS DE Y EN MENDOZA ENTRE 1971 Y 1983
Este listado ha sido elaborado desde 2015 por equipo del Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos exD2 de Mendoza, cotejando información y listados elaborados previamente por organismos de derechos humanos, por la referenta Susana Muñoz y por el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE) de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
La sistematización fue realizada con apoyo del Proyecto de investigación “Territorios de la Memoria” y de las prácticas socioeducativas de la carrera de Sociología, ambas instancias de la UNCuyo. Actualmente sigue su ampliación a través del equipo de trabajo “Trayectorias de vida”.
Este listado es -será por largo tiempo, o tal vez por siempre- preliminar; sujeto a modificaciones en base a nueva información que surja de diversos ámbitos: familiares, compañerxs, nuevas denuncias, datos obtenidos en juicios por delitos de lesa humanidad, entre muchos otros.
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Memorias de madres y familiares de detenidos desaparecidos en Jujuy

Liberan online el libro “Con vida se los llevaron”
El docente, investigador y escritor Reynaldo Castro presentó la tercera edición ampliada del histórico libro jujeño. Lo hizo en la Primera Feria Regional del Libro, organizada por la Municipalidad de La Quiaca.
Por Maira López
13 de octubre de 2021 – 11:13
El lunes último concluyó la Primera Feria Regional del Libro, organizada por la Municipalidad de La Quiaca, y el espacio se convirtió en un escenario de revindicación y manifestación de la historia jujeña.
Un ejemplo de ello, fue la participación del docente, investigador y escritor Reynaldo Castro, que presentó la tercera edición ampliada del libro “Con vida se lo llevaron. Memorias de madres y familiares de detenidos desaparecidos de San Salvador de Jujuy, Argentina”.
Castro dialogó con Salta/12, y contó que la nueva edición se realizó en abril de este año, a través de 500 armas, editorial que representa un contra-homenaje al gobernador Gerardo Morales, quien dijo que en el barrio Alto Comedero la Tupac Amaru tenía escondido un arsenal con 500 armas. Además, reiteró en la Feria del Libro, que también se creó una versión digital, “que circulará libremente para todos y todas”.
El libro, reúne el testimonio de familiares de detenidos desaparecidos de la provincia junto a las declaraciones dichas en el Juicio a las Juntas, las memorias que quedaron grabadas en el Nunca más y los recuerdos marginales que estuvieron a punto de diluirse, las solicitudes de paraderos, los hábeas corpus, algunos poemas, un puñado de canciones de la época y textos que vienen de otras páginas, explicó el escritor.
Para Castro, la liberación del material no es una novedad, porque es algo que sucedió con la primera edición, en 2004, momento en el cual la Asociación de ex Presos Políticos de Jujuy le pidió escanearlo y hacerlo circular. Después de ese pedido, “me puse a pensar que era una cuestión saludable”, ya que allí se reflejaban “memorias que han estado tapadas”, incluso por los propios sobrevivientes, que por miedo, decidieron no hablar por muchos años.
En ese sentido, afirmó que lo registrado son “memorias victoriosas”, que nacieron de un grupo que logró reunirse, articular luchas y desafiar a la dictadura. “Son memorias ejemplares que merecen ser difundidas, sobre todo, por las actuales luchas”. El escritor realizó una comparación con el presente y puntualizó en la alta tasa de femicidios que vive la provincia gobernada por el radical Morales.
Sostuvo que lo vivido en la actualidad también habla de un sometimiento y violación de los derechos; que en este caso, es visibilizado por la militancia y lucha de las mujeres jujeñas. Castro consideró que es preciso unir las memorias de aquel tormentoso pasado, con lo que sucede hoy, para “que las víctimas y familiares de las chicas también puedan organizarse y ser mucho más solidarios”, en ese transitar impuesto.
Además de reconocerse como un libro “objeto de memorias”, Castro también afirmó que es un “libro de combate”, que dialoga con otro de sus escritos: Cómo hacer identidades con las memorias (2016). Y que para fines de este año, lo hará con Tejer con hilos rotos: Terrorismo estatal en Jujuy, que incluye trabajos que reflexionan sobre cómo la dictadura se niega a pasar.
El autor insiste en dos cuestiones en esta nueva edición. La primera, en seguir convocando a personas que tengan algún dato, documento o información, que puede ser enviado al mail convidalosllevaron@gmail.com. La segunda cuestión, es pedir por la circulación del escrito, “para que estas memorias sean conocidas por personas que no vivieron en aquellos tiempos difíciles, para que todos y todas tengan la posibilidad de escuchar las voces que vienen del pasado y reclaman justicia”.
“Así como es imposible recordar todo; nadie puede borrar íntegramente el pasado. Ahora, con esta edición digital, tenemos un nuevo reservorio para este legado y también una plataforma que hará más fluida la transmisión de memorias. Un libro libre”, manifestó el docente universitario. Quien desee leerlo, puede hacerlo desde aqui
Con la edición online, que contiene 465 páginas, también se hizo una edición gutenbergniana, con el diseño de tapa de Remo Bianchedi, la edición de Gabriela Letizia y una excelente encuadernación con hojas pegadas y cosidas.
“La historia también pasó por acá”
Si bien el libro vio la luz en 2004, toda su producción se dio mucho tiempo antes, y de la mano de su maestro, Andrés Fidalgo. El ensayista, poeta y abogado defensor de presos políticos, lo llamó para un primer trabajo vinculado a los derechos humanos, que concluyó con la publicación de su libro Jujuy, 1966/1983, que sirvió de “plataforma” para el libro de Castro, que para ese entonces, fue contratado como secretario.
“Ahora entiendo que no me necesitaba, sino que él intuyó que yo podría escribir un libro como el que hoy nos convoca. Me pagó un buen sueldo, mes a mes, para enseñarme a escribir sobre la memoria”, dijo Castro en el acto de presentación de la primera edición, realizado en el salón Auditorium del Ministerio de Bienestar Social de Jujuy, un 23 de marzo de 2004.
El escritor no se cansa de destacar que el libro representa una construcción colectiva de la historia jujeña. “Siempre estamos acostrumbrados a que los grandes hechos y acciones, suceden en las grandes ciudades, alejadas, pero nunca en las nuestras”, confesó. Esa idea, le fue derrumbada gracias a Fidalgo, ya que con él, se enteró que en Jujuy existían más de 100 desaparecidos.
Precisamente, el libro Con vida se los llevaron, cierra con el listado de las 129 personas, que fueron detenidas desaparecidas, asesinadas o víctimas de desaparición forzada en la provincia. Con ese baldazo de agua fría, reconocer los lugares de detención en Jujuy, como el Centro Clandestino de Detención de Guerrero, lo llevó a decir en voz alta que “la historia también pasó por acá”. “Poder nombrar eso, es vencer la impunidad y el miedo”, admitió.
Con su jefe no sólo mantuvo un vínculo laboral, sino también afectivo. Un momento donde esto quedó reflejado, fue cuando Castro, en su puesto de secretario, inició la construcción de las fichas de las personas detenidas desaparecidas.
Bajo esa tarea, tenía que repasar los nombres de las personas desaparecidas. En ese listado estaba el nombre de Alcira Fidalgo, hija de Andrés y Nélida Pizarro, secuestrada por Alfredo Astiz, y que estuvo un tiempo detenida en la ESMA. Su secuestro fue comprobado y recordado porque fue el caso número 500 en el Juicio a las Juntas Militares.
Retrato de Alcira Fidalgo
Fue Nélida quien animó y hasta exigió, a Castro que escribiera el libro. Lo hizo después de que le encomendara la tarea de que editara un libro de poemas de su hija. Ese primer trabajo juntos, lo llevó a tener varias historias sueltas de lo sucedido durante el terrorismo de Estado, que luego se decidió a retomar. Lo hizo a principios de los 2000, cuando le consultó a Nélida si podía entrevistar a familiares de detenidos desaparecidos. La propuesta se aceptó de inmediato y en 2002 y 2003, entrevistó grupalmente a madres y familiares de detenidos desaparecidos.
Ese ímpetu por contar que tenía Nélida, también lo encontró en las madres, hermanas y esposas, que accedieron a dar su testimonio. Dicho escenario, lo llevó a saber que el título del libro debía centrarse en la vida. “Estaba preparado para sentir historias tristes, pero la vitalidad con las que ellas tocaron el tema, me dieron una lección que me hizo salir de mis propios prejuicios. Ellas luchaban por la vida”, expresó a Salta/12.
Y destacó la labor de las mujeres. Para Castro, ellas “son las guardianas de la memoria”. Recordó que cuando Nélida lo “empujó” a hacer el libro de Alcira, fue a su casa y “tenía todo el material rotulado y ordenado”, lo que para él significó que “ella mantenía esa cuestión de pensar en el otro, en su hija, y pensar en las otras mujeres”. “Lograron trascender la condición de personas únicas, para adoptar una identidad colectiva”, manfiestó.
Un cambio de época
El escritor contó que se guardó un año para ordenar toda la información recolectada, luego la trasladó a cada persona que prestó su testimonio, y con la última revisión de Andrés Fidalgo, se aventuró a buscar una editorial para su publicación.
No fue fácil. La Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) manifestó que pantes de una publicación, el escrito tenía que pasar por una revisión obligatoria por parte de sus abogados. Castro no volvió. Buscó en Buenos Aires y otras editoriales cooperativas, pero no acusaban respuestas. Hasta que la editorial La Rosa Blindada, de José Luis Mangieri, dijo que sí. La publicación se dio gracias al aporte económico de Mangieri, los Fidalgo, los familiares, y el autor, y un 23 de marzo de 2004, se presentó.
Al día siguiente, el entonces presidente Néstor Kirchner, pronunciaría un discurso en la ESMA, en el que pidió perdón por el silencio de Estado ante los crímenes de lesa humanidad vividos en la última dictadura militar. Fue toda una sorpresa. Castro recordó que cuando apenas iniciaban el trabajo de recopilación, el conjunto no veía “ningún horizonte posible de justicia y creíamos que no había ninguna posibilidad de que (los genocidas) sean llevados al banquillo”.
Lo de Néstor “fue un impulso muy grande”, que luego, “llevó a la práctica con una política de derechos humanos”. Años después, la UNJu realizó una segunda edición, de manera veloz; y bajo el amparo de políticas nacionales que permitió consolidar un escenario a favor de la memoria, la verdad y la justicia.
Sin embargo, consideró que existió una etapa de “relajamiento”, que lo incluyó a él también. “Yo pensaba que ya había hecho mi tarea y podía dedicarme a otra cosa”, pero llegó el macrismo con la primera gobernación de Morales, y en Jujuy todo cambió. “Empezaron los allanamientos y se dio una gran despliegue persecutorio contra cualquier tipo de protesta, con presos incluidos”, recordando no sólo a Milagro Sala, sino a miembros de la Tupac, también presentes en las causas contra la dirigente.
“Por eso tenemos que seguir hablando de la dictadura”, señaló, para relatar lo sucedido y para que también sean juzgados todos los actores involucrados en los delitos de lesa humanidad en Jujuy, como es el caso del empresario Carlos Blaquier, dueño de Ledesma. Recordó que con el macrismo se profundizó la demora en los juicios, que recién hoy, se vuelven a retomar las causas, como las del propio Blaquier.

Malas noticias para el represor Mario “Churrasco” Sandoval: la ONU rechazó su denuncia contra el Estado argentino

Había reclamado su libertad y una indemnización de 50.000 euros

Desde que Francia lo extraditó por la desaparición del estudiante Hernán Abriata, “Churrasco” hizo decenas de planteos judiciales en Argentina para que lo liberen. También acudió a la esfera internacional, pero nada de lo que dijo conmovió al Alto Comisionado de Naciones Unidas.

Por Luciana Bertoia
Sandoval cumplió 68 años el pasado 31 de agosto. Lleva menos de dos años detenido, porque, desde el fin de la dictadura, logró escabullirse de la justicia argentina.Sandoval cumplió 68 años el pasado 31 de agosto. Lleva menos de dos años detenido, porque, desde el fin de la dictadura, logró escabullirse de la justicia argentina.

Desde que Francia extraditó a Mario Alfredo Sandoval, el represor no cejó en su esfuerzo por salir en libertad y en denunciar a todos y cada uno de aquellos que intervinieron en el proceso para que pudiera ser detenido por el secuestro y la desaparición del estudiante Hernán Abriata. En Argentina, hizo, al menos, ocho reclamos judiciales y otros tantos en el Consejo de la Magistratura. Pero también llevó sus planteos a la esfera internacional. Ante el Comité de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) denunció al Estado argentino por tenerlo detenido junto con condenados y reclamó una indemnización de 50.000 euros. Pero las cosas no le salieron bien a “Churrasco”, como conocían al exoficial de la Policía Federal Argentina (PFA) que actuaba en el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). La oficina de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos comunicó la semana pasada al gobierno argentino que había decidido rechazar el planteo del represor.

Hace un año, Sandoval hizo una presentación ante el Comité de Naciones Unidas a través de William Woll, un abogado asentado en París. Decía que, desde que lo extraditaron de Francia, el Estado argentino violaba su derecho a la libertad y a la seguridad. Por ello, reclamaba el cese de la prisión preventiva y daba una serie de posibilidades para esquivar la cárcel. Sostenía que podía fijar domicilio en la casa de su madre o en la casa de su hermana. Su único límite era que tuviera un espacio amplio para hacer deportes porque hace muchos años que se dedica al running y esa práctica quedó vedada en la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde pasa sus días desde diciembre de 2019.

Nada de lo que dijo Sandoval conmovió al Comité de Derechos Humanos, que desestimó su pedido de medidas provisionales, según informó el miércoles pasado al Estado argentino después de analizar la información que le habían proporcionado la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad. Aún resta que el órgano de Naciones Unidas analice el fondo del planteo, pero todo indicaría que Sandoval tampoco tendrá éxito.

Sandoval cumplió 68 años el pasado 31 de agosto. Lleva menos de dos años detenido, porque, desde el fin de la dictadura, logró escabullirse de la justicia argentina. En 1985, se fue del país y se radicó en 1989 en Francia, donde obtuvo la ciudadanía en 1997. En 2008, la periodista Nora Veiras reveló que “Churrasco” se había reciclado como asesor en inteligencia económica de Nicolás Sarkozy. Ese hombre, peinado para atrás, no era otro que el que se desempeñaba como subinspector del Departamento de Asuntos Políticos de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF) –antes conocida como Coordinación Federal– y que había sido un agente operativo del grupo de tareas 3.3.2 que actuaba en la ESMA.

El 30 de octubre de 1976, Sandoval había comandado el operativo en el que una patota secuestró al estudiante de Arquitectura Hernán Abriata. Durante el allanamiento, Sandoval se presentó como tal y le exhibió su credencial de la PFA a la compañera de Abriata, Mónica Dittmar. Abriata estuvo detenido en la ESMA, más precisamente en el lugar conocido como “Capuchita”.

El 6 de marzo de 2012, el juez federal Sergio Torres ordenó su captura. El 22 de marzo de ese año, dictó su procesamiento para reclamar su extradición a Francia, que se terminó concretando el 16 de diciembre de 2019. Al día siguiente, el juez Rodolfo Canicoba Corral –que subrogó en el juzgado que quedó vacante después de que Torres jurara como integrante de la Suprema Corte bonaerense– lo indagó y, a los tres días, le dictó el procesamiento, que fue confirmado al mes por la Cámara Federal porteña. “Churrasco” está a la espera de que el Tribunal Oral Federal (TOF) 5 ponga fecha para su juicio, pero no pierde el tiempo. Hiperkinético, ya presentó al menos ocho recursos para enturbiar todo lo posible el proceso.

Lo primero que hizo fue pedir su sobreseimiento, alegando que era incapaz de enfrentar un proceso judicial, y también reclamó la prisión domiciliaria. Canicoba ordenó una serie de estudios médicos y rechazó las pretensiones del represor. Cuando se inició la pandemia, volvió a la carga con el pedido para irse a su casa. No tuvo suerte. Se contagió de Covid mientras estaba detenido pero lo pasó sin síntomas –y aun así el TOF 5 ordenó su internación en el Hospital Churruca para minimizar los riesgos–. Después solicitó la excarcelación, que se la rechazaron porque, entre otras cosas, estuvo siete años prófugo para la justicia argentina. Insistió ese año con un pedido de cese de la preventiva. Exigió después que lo declaren “preso de excepción” armó un escándalo porque quiere tramitar su pasaporte y documento francés porque no quiere ser ciudadano argentino. Mientras tanto recusó a dos integrantes del TOF 5 que deberían juzgarlo, Daniel Obligado y Adriana Palliotti, y al fiscal Leonardo Filippini.

Cuando le queda tiempo, hace Zooms desde la cárcel que se difunden desde la web Prisionero en Argentino. Allí analiza la situación en América Latina. En otros ratitos, actualiza la página de la organización que fundó en Francia antes de su extradición, el Comité de Ayuda y Solidaridad con los Prisioneros Políticos de la Argentina (CASPPA, por su sigla en francés). Allí comparte, entre otros textos, los editoriales del diario La Nación despotricando contra la reactivación de la causa contra Carlos Pedro Tadeo Blaquier. El hiperactivo Sandoval tendrá que buscar otro entretenimiento porque en Naciones Unidas le pegaron un portazo.

LA INVESTIGACION QUE FALTA EN SAN JUAN

Informe de Andhes
La responsabilidad de las empresas durante el terrorismo de Estado
15 de octubre de 2021 –

En el Noroeste argentino, la participación de actores económicos en el terrorismo de Estado presenta una alta correlación con la principal actividad económica: la agroindustria azucarera. Ésa es una de las conclusiones a las que arribó la organización de Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales (Andhes) en su informe “Hacia una política de verdad y justicia sobre la complicidad de actores económicos en delitos de lesa humanidad, en el marco del Terrorismo de Estado en la Argentina. Aportes desde la sociedad civil”, que entregó la semana pasada a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

“Muchas veces, como en los casos de los establecimientos manufactureros azucareros, la empresa es propietaria de todo lo que se relaciona con la vida de su trabajador. De su tierra, de su casa, de la escuela donde lleva a sus hijos, del dispensario donde acude cuando está enfermo. El poder de la empresa resulta así, absoluto y de características feudales”, sostienen en el informe en el que se analizan las particularidades de los ingenios en Tucumán y en Jujuy.

Según Andhes, Argentina es uno de los países con mayor actividad judicial en casos de responsabilidad empresarial. Sin embargo, el proceso de justicia ha tenido muchos escollos. De acuerdo con la organización, a partir de la asunción de Mauricio Macri, los quince casos de responsabilidad empresarial que se encontraban en la etapa previa al juicio no tuveiron avances sustanciales. Esa lógica empezó a romperse ahora con la elevación a juicio de Carlos Pedro Tadeo Blaquier y Alberto Lemos por los secuestros en la zona de influencia del ingenio Ledesma.


https://andhes.org.ar/wp-content/uploads/2021/10/Hacia-una-Politica-de-Verdad-y-Justicia-sobre-la-Complicidad-de-Actores-Econ%C3%B3micos-en-Delitos-de-Lesa-Humanidad-en-el-Marco-del-Terrorismo-de-Estado-en-la-Argentina-1.pdf://

A Victoria Villarruel le molesta que le digan “negacionista

victoria villarruel, la otra hija
El pasado 12 de septiembre, “La Libertad Avanza” obtuvo el 13,7% de los votos en la ciudad de Buenos Aires, convirtiéndose en la tercera fuerza porteña y con posibilidades de crecer en noviembre. Mucho se habla en estos días de las nuevas derechas en general, y de los partidos libertarios en particular, pero aquí nos vamos a sumergir en las napas subterráneas por las que navegan estas pasiones políticas. Un perfil de la hiperactiva Victoria Villarruel.
FOTOGRAFÍA: GALA ABRAMOVICH

 

1.

Suele decirse que muchas hijas de los setenta se llaman Victoria, pero según el Registro Nacional de las Personas los nombres de mujer más usados durante esos años fueron María Laura y María Eugenia, más Trillizas de Oro y menos metáforas. Así que tal vez solo el azar explique que tres Victorias nacidas en aquella década encabecen las boletas electorales de la ciudad y la provincia de Buenos Aires: Tolosa Paz (1972), Montenegro (1976) y Villarruel (1975), la única que, por ahora, puede cantar su nombre.

Victoria Villarruel es una activista. En los quince años anteriores a secundar a Javier Milei en la lista del partido La Libertad Avanza, hizo crecer el alcance de los discursos favorables al Proceso de Reorganización Nacional, elaboró argumentos precisos con ese fin, escribió dos libros, dio decenas de conferencias, fue a innumerables programas de televisión, recorrió colegios secundarios, produjo con esmero los contenidos de sus redes sociales. En los primeros años dos mil, cuando los juicios a los integrantes del aparato represivo iniciaron su tercer ciclo, Villarruel abrió la caja de herramientas del movimiento de derechos humanos y agarró varias: creó una organización en la que el vínculo sanguíneo con los muertos es un criterio de pertenencia, hizo una lista, cuantificó a los fallecidos, reconstruyó sus biografías, glosó fragmentos del derecho internacional para asentarse sobre un principio de autoridad, pintó murales, recorrió las sedes de las Naciones Unidas. Así durante años, sin parar. No estuvo sola, fue parte de un programa político del que participaron personas e instituciones identificables orientado a poner en valor a la violencia estatal de la década del setenta. Ella hizo, sin embargo, un aporte específico: disputó la categoría “víctimas”. Ahora, luego de recolectar en las PASO del 12 de septiembre el 13,7% de los votos porteños, Victoria Villarruel está cerca de convertirse en diputada nacional.

2.

La historia de las organizaciones que agrupan a (ex)militares, sus esposas y sus hijxs, y a familiares de militares y policías fallecidos, empezó cuando la dictadura terminó. Forman un ramillete de siglas que, por fuera del ámbito castrense y de algunos grupos académicos, pocos argentinos podrían reconocer: FAMUS, UP, AAMC, AUNAR, AFyAPPA, AVTA, AFAVITA, ARPANA. Hay muchas A, porque la Argentina tiene un papel protagónico en los nombres. El resto se reparte en M de memoria, C de completa, U de unión, T de terrorismo, P de presos, S de Subversión, V de víctimas. En general, sus referentes son desconocidos hasta para las personas informadas, con la excepción de Karina Mugica, que tuvo un cierto protagonismo que se extinguió en 2006, y de Cecilia Pando. Estas organizaciones tuvieron distintos objetivos según la época: que los (ex)militares no fueran juzgados; que sí lo fueran lxs integrantes de las organizaciones revolucionarias; que las prisiones preventivas y las condenas sean cumplidas en domicilios y no en cárceles.

Lo constante a lo largo de los últimos cuarenta años es el empeño por construir una memoria de la guerra contra la subversión. Durante mucho tiempo, estas disputas fueron intensas pero con poca exhibición pública, aunque hubo excepciones como la que protagonizó Ricardo Brinzoni, el jefe del Ejército nombrado por el gobierno de la Alianza que reclamó “verdad completa”.

En 2006, cuando la política de derechos humanos del primer kirchnerismo arrancaba su ciclo de esplendor y se reiniciaba el juzgamiento de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, Victoria Villarruel, recibida de abogada desde 2003, creó el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv).

3.

En 2014, la editorial Sudamericana publicó Los otros muertos: Las víctimas civiles del terrorismo guerrillero de los 70, coescrito entre Victoria Villarruel y Carlos Manfroni. El libro fue parte de un auténtico programa de transformación cultural craneado y puesto a rodar por Pablo Avelluto, quien dirigió entre 2005 y 2012 la editorial Random House Mondadori, una de las productoras de libros más grandes del mundo. Al dejar su puesto en el sector privado, Avelluto ocupó distintos cargos en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y luego fue ministro de Cultura de la Nación durante el mandato de Mauricio Macri, gestión que culminó como secretario luego de la degradación de esa cartera.

En su reciente libro ¿Cómo se fabrica un best seller político?Ezequiel Saferstein hace una reconstrucción detallista de cómo Avelluto tomó los discursos procesistas, la versión militar de lo ocurrido en los setenta, que hasta entonces circulaban en los márgenes y los hizo ingresar al mainstream. Los sacó de la revista Cabildo y los puso en la librería El Ateneo de la calle Florida. El sello Sudamericana produjo un stock de libros que cuestionaron el relato que predominaba en el espacio público: no hay nada que justifique la violencia estatal de la dictadura y esa violencia debe ser castigada con encarcelamiento. Así, una tanda consistió en extensas crónicas de ataques orquestados por las organizaciones revolucionarias contra baluartes estatales, como por ejemplo Operación Primicia de Ceferino Reato. Otra serie fue la trilogía de Juan Bautista “Tata” Yofre, best sellers rotundos de aquellos años. Otros libros portaban el espíritu del diálogo −una línea que luego Avelluto cultivó en su gestión pública de la mano de Graciela Fernández Meijide y Héctor Leis−, entre ellos Hijos de los 70 que cruza historias de hijxs de militantes y militares proponiendo una suerte de malla de traumas comunes. No todos los libros eran malos libros y no todos eran procesistas en sentido estricto; por ejemplo, la extensa entrevista de Reato a Jorge Rafael Videla tiene un valor histórico ineludible. Dice Saferstein: “el discurso ‘prohibido’ sobre los setenta se volvió un hit editorial.” Y va un poco más allá: los editores “participaron activamente en la materialización de ideas y discursos que pululaban por distintas esferas antes de ser plasmados en hojas de tinta y encarnados en personajes erigidos como referentes”. A ese caudal se sumó Victoria Villarruel con un aporte clave: no tomó a los militares como víctimas de la guerrilla o del kirchnerismo sino que puso en el centro a las y los civiles que fueron asesinados por las organizaciones revolucionarias.

En su libro, Villarruel le atribuye a la guerrilla argentina 1010 muertos, con sus nombres, la fecha y la organización responsable, entre 1969 y 1979. La lista fue construida con los datos publicados en los diarios; su criterio de inclusión no es del todo claro: aunque afirma que se trata de civiles, varios de los mencionados integraban el Ejército. Otros 84 figuran como “NN” y por lo tanto su condición no se puede discernir, ni tampoco si están o no superpuestos con los sí nombrados.

Con Los otros muertos en la mano, Villarruel armó su lugar de enunciación: se autoinstituyó portavoz de un grupo de personas que pocas veces (si es que alguna) habían tenido protagonismo en las discusiones públicas sobre la lucha armada. Ni militantes ni militares, se trataba de quienes no habían elegido ser parte de la guerra. Es cierto que había muchos cuyo carácter, su pertenencia a este conjunto, era discutible, pero había otros que portaban (portan) una complejidad mayor. Por ejemplo: los niños que murieron en ataques de las organizaciones revolucionarias antes y después de 1976.

Cuando Villarruel estaba en la posición de largada de su carrera pública, la víctima ya era un personaje central del modo en el que en la Argentina se construyen los problemas públicos. Ya había también por lo menos dos corrientes anudadas en torno a esa figura. Las víctimas de la violencia estatal (de tipo dictatorial o del tipo propio del régimen constitucional), que en general estaban representadas por organizaciones de derechos humanos o antirrepresivas. En paralelo, poco tiempo antes había surgido Juan Carlos Blumberg, que fue capaz de articular a las víctimas de la criminalidad común en torno a una fuerte demanda punitiva y que logró darle más músculo al brazo represivo del Estado. Esta corriente luego fue retomada por Carolina Píparo, quien también integrará próximamente el bloque libertario en el Congreso nacional si los resultados de las PASO en la provincia de Buenos Aires se mantienen. La historia de cómo la victimización se colocó en el centro de la política argentina es atrapante, pero lo que es preciso mencionar aquí es que un discurso que demandaba derechos para un grupo de víctimas y que pide más encarcelamiento tenía un terreno muy nutritivo para crecer.

En una entrevista que le dio a Cristian Palmiciano, autor de una tesis sobre el Celtyv, Villarruel dijo: “se la resalta mucho a la víctima civil que es la que ha quedado más olvidada de todas”. Con este plan y durante años, ocupó horas de televisión. ¿Quién podría discutir el carácter de víctima de este conjunto de muertos? El único camino para hacerlo es discutir la lucha armada: qué fue, qué significó, cuál fue su racionalidad, cuál era su ética. Espinoso, difícil, imposible de hacer en un panel de Intratables, no hay atajo. ¿Para qué hacerle el juego a semejante puesta en escena? Así fue como Victoria Villarruel tuvo espacio para un monólogo, que ahora se ha ramificado en sus redes sociales. No para. Encontró el punto, es hábil, hace chistes, se ríe.

Le pregunto a Penguin Random House Mondadori cuántos ejemplares lleva vendidos Los otros muertos. Me responden que no me pueden decir la cantidad, pero sí aportar información cualitativa: “el tema de la década del setenta siempre despierta interés. Este título es un long seller que integra nuestro catálogo y está entre los que siempre vuelven a reimprimirse. También está en formato digital muy amigable para los jóvenes lectores. En este sentido, te cuento que este mes reeditamos Juicio a los 70 de Julio Bárbaro. Su reedición tiene que ver con este interés por la temática en los jóvenes lectores”.

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4.

Victoria Villarruel pertenece la familia militar. Su padre, Eduardo Villarruel, integró el Ejército Argentino. Él mismo escribió sobre su desempeño en los setenta: “he intervenido en la lucha contra la subversión, tanto en ambiente urbano como rural, habiendo participado activamente en la ‘Operación Independencia’, oportunidad en la cual se me otorgara el correspondiente Diploma de Honor”. Luego de esta estadía en Tucumán durante 1976, Villarruel padre pasó varios años en Campo de Mayo; hasta que en 1982 fue combatiente en la guerra de Malvinas, en la que secundó la compañía de comandos 602, cuyo número uno era Aldo Rico. En mayo de 1987, el ministro de Defensa Horacio Jaunarena ordenó su arresto como sanción por haberse negado a realizar el juramento que obliga a todos los oficiales a observar y defender la Constitución Nacional y por haber promovido que sus subalternos tampoco lo hicieran. Este episodio obstaculizó su carrera durante años hasta que fue pasado a retiro en 1996. Posteriormente se dedicó a la seguridad e higiene de edificios en la ciudad de Rosario, donde creó una empresa (Safety Argentina) que parece ser el medio económico de vida de esta rama de la familia. La madre de Victoria es Diana Destéfani, hija de Lauro Destéfani, otro militar, en este caso de la Armada. Al padre y al abuelo, Victoria los menciona con frecuencia, les agradece que le hayan inculcado “que había que luchar por nuestros valores”. De quien nunca habla es de su tío: Ernesto Guillermo Villarruel, integrante con grado de capitán de la estructura del Regimiento III de La Tablada, que tuvo a su cargo el centro clandestino de detención “El Vesubio”. Villarruel fue detenido durante las elecciones de 2015, cuando fue a votar. En ese momento, tenía 71 años y era inspector de la Agencia Gubernamental de Control, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un ente encargado de hacer que las normas se cumplan. Un año después, fue declarado incapaz por cuestiones de salud de afrontar el juicio por delitos de lesa humanidad. Su esposa trabajó más de treinta años en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, desde que fue nombrada durante la dictadura hasta 2014. La hija y el hijo del matrimonio trabajan hoy en ese tribunal.

 

A Victoria Villarruel le molesta que le digan “negacionista”. Un abogado especialista en temas de libertad de expresión recuerda ahora un caso: hace unos años ella demandó por daños y perjuicios a una periodista porque consideró que una nota en la que se hablaba de “defensores de genocidas” perjudicaba su imagen. “Reclamaba porque decía que se la trataba como una quinceañera, como si hubiera gestionado un show, y ella había organizado toda su vida para luchar por la memoria completa, no para quedar en el lugar que la dejaba la nota”, rememora él. Pocos días antes de que su candidatura a las PASO 2021 fuera presentada en el programa “A dos voces” del canal Todo Noticias, Villarruel tuvo una larga conversación con Pablo Sirvén, en La Nación +. La presentó como una “activista de derechos humanos”.

—Sirvén: ¿Sos negacionista?

—Villarruel: No.

—S: ¿Hubo violaciones de los derechos humanos en la dictadura?

—V: Sí.

—S: ¿Está bien que se hayan juzgado esas violaciones de los derechos humanos?

—V: Sí.

Lo cierto es que el discurso público de Victoria Villarruel es oscilante, se acomoda a la época y a la audiencia. En sus comienzos sostenía que lo ocurrido en los setenta fue una guerra, el enfrentamiento de dos bandos armados, un argumento que todavía usa en sus redes sociales. Por ejemplo, en abril de 2006, en un boletín de la Unión de Promociones (UP), una agrupación creada en 2005 para resistir la reapertura de los juicios, escribió: “en un contexto de guerra es legal matar al enemigo”. Este dictamen inicial está fácticamente complicado porque el contenido de “matar” y la definición de “enemigo” usados por la dictadura están bastante lejos de lo que Villarruel intenta presentar como una batalla a cielo abierto durante la Primera Guerra Mundial. Pero sigamos la lógica. El punto central de su argumento es que el “caso argentino” no debería regirse por la legislación internacional de los derechos humanos, sino por el derecho de guerra que emana de los convenios de Ginebra. De este modo, dejaría de ser operativa la categoría de crimen de lesa humanidad que determinó la imprescriptibilidad de los crímenes y permitió que sean juzgados todavía hoy. Entre este razonamiento y las respuestas a Sirvén existe bastante distancia. Pero todavía hay un paso más: como en las guerras no se puede matar civiles, las familias de los otros muertos tienen derecho a reclamar juicio y castigo. En torno a la cuestión de cuál es el derecho aplicable a los distintos tipos de crímenes setentistas hay un volumen de jurisprudencia imposible de resumir aquí. De todas formas, el proceder militar tampoco respetó los convenios de Ginebra, ya que uno de sus puntos principales es que los muertos de un conflicto armado deben ser identificados y entregados a sus familiares, y si esto no es posible enterrados de manera digna.

Al mismo tiempo, desde el Celtyv Villarruel desarrolló una estrategia de comunicación diferenciada y perspicaz: el Centro nunca habla de la violencia estatal, ni a favor ni en contra. Y condensa su comunicación en la historia de las víctimas a las que construye como tales con un modo particular de biografiarlas: relatos breves de cómo murieron, casi siempre con fotos, en escenas familiares, en la vida común.

desde el celtyv villarruel desarrolló una estrategia de comunicación diferenciada y perspicaz: el centro nunca habla de la violencia estatal, ni a favor ni en contra. y condensa su comunicación en la historia de las víctimas a las que construye como tales con un modo particular de biografi arlas: relatos breves de cómo murieron, casi siempre con fotos, en escenas familiares, en la vida común.

 

5.

En una entrevista con Saferstein, incluida en su libro, Pablo Avelluto dice respecto a su trabajo como editor: “hay que tratar de trabajar en ese ronroneo previo en torno a las noticias”, detectar lo que está ahí, convertirlo en objeto, hacerle espacio para que crezca.

En 2016, dos años después de la salida de Los otros muertos, por primera vez un funcionario del Poder Ejecutivo Nacional recibió a representantes de una organización que justifica la violencia estatal de los años setenta. Victoria Villarruel y otros integrantes del Celtyv se reunieron en la Ex Esma con el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj. Luego de las críticas a esta decisión, Avruj dijo que la política en materia de memoria, verdad y justicia no estaba en discusión y comparó la audiencia que habían tenido con una cita con los familiares de quienes murieron en el incendio del boliche Cromagnon. Los integrantes del Celtyv no lo vivieron así, hablaron de “cambio de paradigma”, de esperanza y alegría, de “un punto de inflexión en nuestras vidas”. Para las organizaciones de derechos humanos y para eso que se llama el campo progresista, el gobierno de Cambiemos retrocedió en las políticas relacionadas con la memoria y el castigo a la represión estatal. Pero para el Celtyv no fue suficiente. Habían ido a pedir que los otros muertos fueran reconocidos por el Estado como víctimas, que se les diera ese estatuto a través de algún simbolismo, como por ejemplo un monumento. No lo lograron. Aquella discusión que Avelluto había promovido encontró su límite institucional.

 

6.

Es septiembre de 2021 y la pospandemia está en el aire. Victoria Villarruel sube a un escenario, abajo hay miles de personas, muchas de ellas muy jóvenes, muy lookeadas y aun más entusiasmadas. Vicky, Vicky le gritan. Ella alza una mano para arengar. Canta tiene miedo la casta tiene miedo. Y dice: “Me tildan de genocida, me tildan de facha, de negacionista, los mismos que justifican los crímenes del comunismo en todo el mundo. Por eso, sin importarme las etiquetas y sin tenerle miedo a los motes: si robarse todo en nombre de los pobres es ser de izquierda, soy de derecha. Si usurpar tierras al Estado y a la gente es de izquierda, soy de derecha. Si defender la impunidad del terrorismo es de izquierda, señores, soy de derecha. Si votar leyes como la ley de alquileres, la ley Micaela, la ley Yolanda, la ley que mete el lenguaje inclusivo en los medios es de izquierda: yo soy de derecha”. Ahora, la agenda de Villarruel es sobre el presente pero su aura emana de ideas asentadas. Está arriba del escenario y grita: “Por eso, más allá de que me categoricen a mí o a nuestro frente, quiero una Argentina con vida, libertad y propiedad”. Vicky, Vicky. Pocos días después, durante un acto en el Parque Lezama, Villarruel vestida de rojo intenso recibe aun más aplausos, sobre todo después de agradecer “a todos por estar en el cierre de la campaña política más rebelde de los últimos años”.

 

7.

Después de las PASO, me puse en contacto con Victoria Villarruel. Nos saludamos, por WhatsApp. Le pregunté si podía llamarla. Me respondió que estaba en una videoconferencia, “si te parece escribime y yo voy respondiendo”, dijo. No pretendía discutir con ella sus ideas sino reconstruir cómo llegó a estar arriba de ese escenario, cómo armó una agenda política contemporánea, cómo confluyó con Javier Milei. Se lo pregunté. Pasaron las horas y no me respondió. Al día siguiente le insistí. Por el chat no me llegó ninguna respuesta. Un rato después, en medio de la crisis en el seno del gabinete nacional, tuiteó: “mientras tanto todos nosotros de rehenes del movimiento político más siniestro que padecimos… en serio con esta gente se puede dialogar o chatear por Whatsapp?”.

Ninguna hija nace con los valores de la familia biológica a la que pertenece. Pero no se trata de eso. Se trata de que la hija de una época puede aprovechar las oportunidades y ser más eficaz que quienes la precedieron. Me llegan las fotos del hotel en el que Victoria esperó los resultados del conteo de votos. Un cartel, letras negras sobre fondo blanco, dice: “ellos contra nosotros”.

 

UN PLAN PARA ACELERAR LOS JUICIOS POR CRIMENES DE LESA HUMANIDAD

Un plan para acelerar los juicios por crímenes de lesa humanidad
La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación busca reforzar y ampliar las querellas del Estado en juicios por delitos cometidos durante la dictadura, reanudar investigaciones paralizadas durante el gobierno de Macri y generar nuevas pruebas para los procesos judiciales. Ya se conformó un equipo de peritos público.

Por Ailín Bullentini
9 de octubre de 2021 – 00:51


De los 631 expedientes abiertos en el país por delitos del terrorismo de Estado, el 42 por ciento tiene sentencia; el 44 por ciento está en proceso; un 11 por ciento aguarda el juicio oral; y sólo el 3 por ciento ya inició el debate. (Fuente: Bernardino Avila)
De los 631 expedientes abiertos en el país por delitos del terrorismo de Estado, el 42 por ciento tiene sentencia; el 44 por ciento está en proceso; un 11 por ciento aguarda el juicio oral; y sólo el 3 por ciento ya inició el debate.. Imagen: Bernardino Avila
El proceso de juzgamiento a genocidas por los crímenes de la última dictadura cívico militar tiene sus particularidades en cada rincón del país. Pero hay una característica que afecta a cada porción del territorio por igual: el paso del tiempo. Y una “necesidad urgente” que todes y cada une de los actores que impulsan el reclamo de memoria, verdad y, sobre todo, justicia advierte desde hace años: la de apretar el acelerador. A eso dedicó gran parte de sus esfuerzos la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a través de la implementación de algunos ajustes en su estrategia de acción sobre la temática: refuerzo, ampliación y redefinición de las querellas del Estado en juicios de lesa humanidad, reanudación de investigaciones de esclarecimiento y generación de pruebas sobre los hechos de la última dictadura, conformación de un equipo de peritos público.

“No queremos militares responsables de violaciones a los derechos humanos que se mueran sin tener su condena ni víctimas que mueran sin tener justicia. No queremos impunidad biológica”, señaló el titular del área, Horacio Pietragalla Corti, en el marco de un repaso sobre los principales aportes que la Secretaría viene realizando, desde su Plan Estratégico para el avance del proceso de Justicia por los crímenes de lesa humanidad.

El letargo de las causas que investigan los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura ya era la principal deuda del proceso de juzgamiento de esos hechos cuando el área dirigida por Pietragalla lanzó su plan estratégico, que fue una especie de respuesta a la inacción de la Comisión Interpoderes, en manos de la Corte Suprema. Ese punto sigue siendo “la prioridad absoluta”, remarcó Andrea Pochak, subsecretaria de Protección y enlace internacional en Derechos Humanos. “Pasaron 45 años y no podemos darnos el lujo de tener juicios al ritmo de una audiencia por semana, no podemos darnos el lujo de tener las causas que tenemos trabadas en instrucción, en Casación, en la Corte”, apuntó la funcionaria.

Mitigar la demora
Según las cifras más actuales de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, hubo un aumento de la cantidad de causas que revisan los delitos de la última dictadura, pero los porcentajes que revelan en qué estado está cada expediente se mantuvieron sin modificación. De las 631 investigaciones a lo largo y ancho de todo el país, el 42 por ciento (264) tiene sentencia –la mayoría no está firme–, mientras que el 44 por ciento (281) está en proceso; un 11 por ciento (67) aguarda el juicio oral y público y sólo el 3 por ciento (19) se encuentra siendo debatida en esa instancia.

El director nacional de Asuntos Jurídicos de la Secretaría, Federico Efron, focalizó las demoras en “incidentes que quedan trabados” en la Cámara de Casación o la Corte Suprema, que son las instancias “que deben confirmar sentencias o destrabar procesos de los expedientes –discusiones procesales durante las instrucciones de la causa, sobre todo procesamientos–”. “Las demoras tienen efectos concretos, están produciendo que los juicios no sucedan”, remarcó.

En ese sentido, durante 2021 la Secretaría amplió su plataforma de acción en todo el país y sumó 36 nuevas representaciones en “casos elegidos estratégicamente”: son 258 querellas que el Estado sostiene en estas causas y prevé presentar nuevas en 2022. Los expedientes “prioritarios” detectados son: la causa “Revérberi”, en San Rafael, Mendoza –el objetivo allí es “impulsar y contribuir con el proceso de extradición del ex capellán del Ejército”–; la causa por el ataque de Monte Chingolo ocurrida en diciembre de 1975, en Lanús –tramita en La Plata–; la causa de los exjueces del Superior Tribunal de Justicia de Formosa.

En todas y cada una “se asumió un ejercicio constante de activa denuncia ante cada demora”, puntualizó Efron, con el objetivo de “hacer avanzar” los casos. Además, en articulación con el Ministerio Público Fiscal, se promovieron audiencias públicas para que jueces y juezas “escuchen la voz de las víctimas” antes de tomar decisiones importantes como por ejemplo el otorgamiento de excarcelaciones o libertad condicional a represores.

Otro punto difícil para cumplir con ese objetivo es la poca cantidad de tribunales orales federales que desarrollen los juicios. En Tucumán, por ejemplo, la causa sobre la participación de los empresarios de La Fronterita está a punto de ser elevada a juicio oral pero no hay, por el momento, tribunal disponible que desarrolle el debate. Desde la Secretaría calculan que un tercio de los cargos en esos tribunales está vacante. Para apuntalar estas cuestiones, la Secretaría insistirá en reuniones de trabajo con el Ministerio Público, el Consejo de la Magistratura y los organismos de derechos humanos para impulsar una actualización de las acordadas de la Corte e instructivos nuevos para los y las fiscales con especial hincapié en la urgencia de estas causas, la ampliación de recursos y el avance de los concursos de nombramiento de jueces y juezas.

Entre las demoras que más preocupan figuran las que afectan a las causas sobre la responsabilidad de directivos de empresas en secuestros, torturas, desapariciones y muertes de trabajadores y trabajadoras durante el terrorismo de Estado. Además de activar los expedientes en los que la Secretaría es querellante, la Unidad de Responsabilidad Empresarial del área aportó informes en los casos Astilleros Astarsa y Mestrina, Cerámicas Lozadur y Cattaneo, Dálmine Siderca, Vicentín y Celulosa Argentina.

Fortalecer las causas
La desinversión que el gobierno de Cambiemos aplicó en el amplio universo de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia implicó, entre otras tantas cosas, un freno que llegó en algunos casos hasta la paralización de los trabajos de investigación sobre los hechos de la última dictadura cívico militar.

Uno de los objetivos del plan estratégico de reactivación impulsado por Pietragalla y equipo tuvo que ver con reanudar esas tareas. Así, se centralizaron archivos abiertos y en funcionamiento en diferentes ámbitos del Estado, se reactivaron los informes –hubo una veintena nuevos en 2021– y se reenviaron junto a los preexistentes –elaborados por lo que fue el Programa Memoria, Verdad y Justicia y su remanente durante el macrismo– al Poder Judicial y al Ministerio Público Fiscal –130 trabajos en total– “para que tengan en cuenta que ese trabajo ya está hecho, que lo pueden usar, que hay material valiosísimo y útil ahí y ahorrar tiempo en las investigaciones judiciales”, indicó Pochak.

Sobre este tema, la otra meta de la gestión es fortalecer o reabrir en algunas áreas del Estado los equipos de investigación dedicados exclusivamente a indagar sobre el rol de esos espacios durante la dictadura: Dirección Nacional de Asuntos Jurídicos con el Banco Central de la República Argentina, la Comisión Nacional de Valores, el Ministerio de Seguridad y Ministerio de Defensa.

Además, la Secretaría de Derechos Humanos constituyó un equipo de peritos propio, una deuda pendiente desde hace años. Estos profesionales –psicóloga especialista en gerontología, un psiquiatra y un médico legista– interviene en todos los casos que la Secretaría es querellante y se encuentra a disposición de les abogades querellantes y organismos en el resto de los casos.

Se acuerdan de Bufano? LOS EXTORSIONADORES DEL 601

Procesan a los ex agentes Rubén Bufano y Arturo Silzle por secuestros de financistas en 1980

Rubén Osvaldo Bufano es uno de esos represores que supieron reinventarse. Arturo Ricardo Silzle, uno de esos que supieron esconderse. Los dos fueron agentes del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército durante la dictadura. Desde hace cuatro décadas se los ha señalado como miembros de una banda integrada por personal de inteligencia militar que realizó varios secuestros extorsivos de empresarios y hombres de negocios en los primeros años ‘80, pero hasta ahora se salvaron de condenas por delitos de lesa humanidad. Esta semana el juez federal Sebastián Casanello reflotó su caso y los procesó por el secuestro y las torturas de Alberto Martínez Blanco y su cuñado Ricardo Tomasevich (texto completo en Procesamiento 2021), dos financistas de la city porteña que en 1980 padecieron la ambición de oficiales que decían combatir a la “subversión económica”.

La investigación sobre Bufano y Silzle comenzó en 2005 por una denuncia de las víctimas. Las enormes similitudes entre el caso de Martínez Blanco y Tomasevich y otro secuestro extorsivo de la misma época, el del financista Carlos David Koldobsky, pusieron el foco sobre los mismos autores que habían sido tempranamente investigados en esa causa. Además de Bufano y Silzle, se siguió la pista de otros dos ex miembros del Batallón 601: Leandro Ángel Sánchez Reisse y Luis Alberto “Japonés” Martínez, un ex suboficial de la Policía Federal que también había actuado bajo la órbita de Coordinación Federal y que terminó excluido de la causa por supuesta “insania”.

En 2013, Casanello terminó de procesar a los otros tres por los delitos de secuestro, torturas y asociación ilícita, Pero la Cámara Federal de Apelaciones les dictó falta de mérito en cuanto al secuestro y las torturas de Martínez Blanco y Tomasevich, y sólo se elevó a juicio oral la asociación ilícita. En 2015, el Tribunal Oral Federal 6 absolvió a los tres imputados por razones técnicas: dos de los tres jueces entendieron que los hechos ya habían sido juzgados en otro proceso. Esa interpretación fue rechazada en 2019 por la Cámara de Casación Penal, que anuló las absoluciones y reenvió el expediente al TOF para que dictara un nuevo fallo, aún pendiente.

En paralelo, el secuestro y las torturas de Martínez Blanco y Tomasevich siguieron investigándose al nivel de la instrucción, a cargo del fiscal Franco Picardi, hasta que se reunieron elementos suficientes como para solicitar otro procesamiento, decidido esta semana por Casanello. Sánchez Reisse murió en el camino, pero Bufano y Silzle por fin deberán responder por aquel secuestro que, en 1980, les rindió en 680.000 dólares a los extorsionadores del 601.

Una historia de fantasmas y reciclados

Entre 1981 y 1986, Rubén Bufano pasó una larga temporada en la cárcel suiza de Champ Dollon, en las afueras de Ginebra, una prisión de máxima seguridad que en aquellos años se hizo famosa por la fuga del jefe masónico italiano Licio Gelli. Lo acompañaron en la cárcel Sánchez Reisse, el “Japonés” Martínez y sus respectivas esposas. La policía local los había atrapado cuando intentaban cobrar un millón y medio de dólares por el rescate de Carlos Koldobsky, que entonces permanecía secuestrado en Buenos Aires. Por indicación de los secuestradores, la esposa y la hermana de Koldobsky habían viajado a Suiza para pagar lo exigido, pero en realidad eran el señuelo de un operativo coordinado entre fuerzas de seguridad argentinas y suizas. El grupo cayó en la trampa policial y Koldobsky pudo ser liberado al día siguiente.

En el libro La pista suiza (1986), el periodista Juan Gasparini, ex militante de Montoneros y ex detenido en la ESMA, obtuvo una extensa y minuciosa confesión firmada de Sánchez Reisse desde la cárcel, en la que reveló que integraba un grupo organizado por el Batallón 601 para perseguir a la “subversión económica”, responsable del secuestro de Koldobsky. Era la primera vez que se conocían detalles de la banda que secuestraba a empresarios y financistas. Años más tarde, la confesión de Sánchez Reisse fue una prueba clave para asociar el caso Koldobsky a otros secuestros extorsivos como el de Martínez Blanco y Tomasevich.

 

Foto del libro La pista suiza, de Juan Gasparini.

Bufano fue extraditado a la Argentina en 1986. Para ese momento ya había sido escrachado en otro caso resonante: según el informe del Nunca Más, la familia del escritor desaparecido Haroldo Conti lo había reconocido como un sujeto que en 1976 se había presentado en la casa de Conti una semana antes de su secuestro haciéndose pasar por un supuesto militante perseguido que pedía protección.

Una vez en la Argentina, Bufano y sus colegas extraditados fueron investigados por el caso Koldobsky, pero la Justicia dictaminó que no había suficientes pruebas como para procesarlos. Desde entonces, Bufano emprendió un largo camino de reciclaje personal. A fines de los años ‘90 se instaló en San Juan y montó una agencia de seguridad privada. En la provincia dicen que sus negocios crecieron de la mano de la gobernación del menemista Jorge Escobar, y que tiempo después prestó sus servicios a la megaminera Barrick Gold, un dato que fue negado por la empresa. En 2004, su nombre volvió a aparecer en los medios cuando se pidió su captura como presunto partícipe en la llamada Masacre de Fátima de 1976. Esa causa en su contra tampoco prosperó.

Cuando comenzó la investigación por el secuestro de Martínez Blanco y Tomasevich, Bufano fue inicialmente dado por muerto gracias a un certificado de defunción de su padre, que tenía su mismo nombre. Un fiscal llegó a advertirlo cuando el primer tramo de la investigación se cerraba con un solo imputado. Fue entonces cuando Casanello lo procesó por primera vez, en 2013.

Mucho menos se sabe de Silzle, otro de los ex agentes del 601 que habían sido investigados por el caso Koldobsky, por el que fue condenado en 1991. Más tarde, durante la investigación por Martínez Blanco y Tomasevich, se profugó hasta 2013, cuando el juez logró su arresto. En ese procesamiento se recordaba que, en 1981, Koldobsky había sido alojado en una casa de Villa Tranquila, en Buenos Aires, que utilizaba Silzle. La vivienda fue allanada y se encontraron armas, municiones, un handy policial, credenciales y cédulas a nombre de “Angel Rubén Sarriez” (alias de inteligencia de Silzle), las llaves de un Ford Falcon, un par de anteojos pintados de negro, varios sellos y una venda blanca con cinta adhesiva en sus extremos. Eduardo Barcesat, abogado de una de las víctimas, subraya el modo en que Silzle pasó durante años desapercibido en la causa: “Hasta su procesamiento, para nosotros era un completo desconocido”.

Silzle de joven. La imagen se difundió cuando estaba prófugo.

Varios secuestros, un modus operandi

El secuestro de Martínez Blanco, entonces accionista de Alpe S.A. Agencia de Cambios, hoy ya fallecido, y Tomasevich, entonces accionista y presidente de Puente Hermanos S.A., describía un mismo patrón repetido en varios otros secuestros extorsivos de la época. En la mañana del 19 de septiembre de 1980, un Falcon con una baliza en el techo los interceptó cuando iban juntos en el auto de Martínez Blanco por la Avenida del Libertador, cerca de la Quinta de Olivos. Se bajaron cinco o seis sujetos con armas largas que se identificaron como policías y les dijeron que los iban a trasladar a la Brigada de Tigre. Se los llevaron en ambos vehículos, esposados, con los ojos vendados y acostados en el piso.

Los alojaron en un inmueble en el que rápidamente los acusaron de complicidad con la “subversión económica” y luego los separaron. Después de pasar por una intensa sesión de picana, Martínez Blanco fue liberado cerca de la cancha de River con la indicación de conseguir el dinero para el rescate de su cuñado. Fue a su oficina y allí recibió varios llamados de los secuestradores, que le hicieron escuchar por teléfono las torturas a Tomasevich para apurarlo por el dinero que pretendían: dos millones de dólares.

En su testimonio, Tomasevich relató que, durante el tiempo que estuvo secuestrado, sus captores recibían órdenes de otras personas que no estaban en el lugar, además de información sobre los movimientos de sus familiares. Se comunicaban entre ellos con la jerga operativa de las fuerzas armadas. Para la entrega del dinero, los secuestradores usaron un sistema de “postas” en latas de cerveza repartidas por distintos puntos de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, en los que había mensajes que indicaban el siguiente destino al que Martínez Blanco debía dirigirse. Finalmente entregó 680.000 dólares en la estación Rivadavia del ferrocarril Mitre. Tomasevich fue liberado cerca de la ESMA, bajo amenazas sobre su familia para que no hiciera la denuncia.

En la instrucción de la causa se enfatizó que las características del secuestro eran idénticas a las de otros casos atribuidos a la banda del 601. Entre los testimonios que se recogieron se destaca el de un ex agente de la División Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal, que dijo que en aquella época participó en unas veinte investigaciones por secuestros extorsivos como los de Martínez Blanco y Tomasevich, Koldobsky y el empresario Fernando Combal, raptado en 1979: “Siempre se trataba del mismo modus operandi, mismas víctimas (gente del ambiente financiero, empresarios o comerciantes). Se les pedía a sus familias el dinero para la liberación a través de llamados telefónicos y [se les decía] cómo debía ser el pago mediante un sistema de postas que consistía en ir a un lugar donde encontrarían un sobre o latita con un ‘papelito’ con un mensaje en el que se indicaba que fueran a otra posta”.

Otro de los testigos convocados fue el abogado Pablo Roberto Argibay Molina, quien representó a varias víctimas de secuestros extorsivos en la época y aportó un dato sugestivo: en muchos casos pudo comprobar que los secuestradores daban “un golpe de tortura o quemadura muy específico”, que pudo observar en el caso de Tomasevich.

A su vez, durante el debate oral por el cargo de asociación ilícita ante el TOF 6, Tomasevich mencionó que, tras la difusión del caso Koldobsky, reconoció en fotos al “Japonés” Martínez como uno de sus secuestradores. Aunque no pudo identificar directamente a los demás, Casanello sostuvo en el procesamiento que hay indicios contextuales suficientes como para sospechar de Bufano y Silzle, miembros de la banda a la que se le atribuye la serie de secuestros.

El secuestro de Martínez Blanco y Tomasevich es, además y sobre todo, un crimen de lesa humanidad: los secuestros extorsivos de empresarios y financistas no sólo se utilizaron para el enriquecimiento personal de los represores y de sus jefes sino también para financiar actividades ligadas a la “lucha contra la subversión”. Agentes como Bufano y Silzle no operaron por su cuenta: detrás había nombres pesados del aparato represivo del Estado, como los de Raúl Guglielminetti, Roberto Roualdes, Alejandro Arias Duval y el propio Guillermo Suárez Mason. La represión ilegal en el mundo financiero es un aspecto cada vez más visible en la agenda actual de los juicios por los crímenes de la dictadura. Bufano y Silzle, apenas dos exponentes.                      https://elcohetealaluna.com/los-extorsionadores-del-601/

 

 

 

Cartas clandestinas para la libertad  

La investigadora del CONICET por la Universidad de Cuyo Paula Simón y el profesor emérito de la Georgia State University Fernando Reati son los autores de un libro que reúne alrededor de 70 cartas inéditas de ex presos y presas políticos de la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba durante la última dictadura.

Fragmento de una de las cartas enviada por los presos durante la dictadura. 

“Uno se pone a mirar el atardecer por el hueco de la chapa que clausura nuestra ventana y piensa mucho. Piensa tantas cosas lindas, feas… ¿Qué es lo que se va gestando dentro nuestro? ¿Qué monstruo o qué dios? ¡Es tan difícil adivinarlo! Y el producto típico de esos momentos son estas divagaciones. Podríamos llamarlo: filosofía de la incomunicación”, extracto de Filosofía de la incomunicación. Las cartas clandestinas de la Unidad Penitenciaria 1 (Córdoba, 1976-1979).

En línea con un dictamen para las cárceles cordobesas del general Luciano Benjamín Menéndez, entonces Comandante del III Cuerpo del Ejército, entre el 1976 y 1979 la Unidad Penitenciaria 1 de esa provincia sometió a sus presos políticos a más de tres años de incomunicación absoluta con el exterior. No sólo no tenían acceso a medios de comunicación formales como radios, diarios o revistas, tampoco a información de sus causas o de sus familiares y amigos. Ante esto, los detenidos diseñaron un complejo sistema clandestino para llevar su mensaje no solo a sus seres queridos sino a un país que aturdía a mordazas.

Filosofía de la incomunicación. Las cartas clandestinas de la Unidad Penitenciaria 1 (Córdoba, 1976-1979) publicado por la Editorial Universitaria de Villa María (EDUVIM) es un libro escrito por la investigadora adjunta del CONICET en el Centro de Literatura Comparada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) Paula Simón junto a Fernando Reati, ex detenido en esa unidad penitenciaria y profesor emérito de la Georgia State University (Atlanta, Estados Unidos), especializado en literatura argentina, memoria y derechos humanos. En el libro rescataron, recopilaron y editaron alrededor de 60 estos textos que llevan casi medio siglo venciendo al silencio.

Ya es muy tarde y a “Peti” solo lo ilumina la luz de un fósforo en la soledad de su celda. El corazón parece salirse, atropellando esperanza en cada latido. Tiene mucho que contar: de angustia, de hastío, de miedo, pero también de ilusión por estar un día del otro lado.

Patio interior entre el pabellón de presos políticos y de presos comunes.

Las letras las plasma en un papel higiénico. Necesita mucho control mental para bajar las revoluciones y no romper tan endeble material. A eso se suma el miedo a que lo descubran. El silencio, que lo obliga a arriesgar su vida, ahora es su aliado en la noche. Solo espera que resista un poco más y su envío llegue a “la paloma”. Lo que jamás imaginaría es que su mensaje sobreviviría 40 años para hacerse libro y página de diario.

“Peti” y otros 16 autores y autoras alojados en el Pabellón 14 arriesgaban sus vidas para enviar sus mensajes. ¿Por qué lo hacían? “La comunicación es una herramienta para sobrevivir. Tanto como comer, como vestirse o como la higiene. Forma parte de la condición humana más básica. Y por tanto, reprimir ese derecho es coartar la libertad y someter al sujeto a una instancia de locura que había que romper de un modo u otro”, remarcó Paula Simón en diálogo con el Suplemento Universidad.

El acceso a las cartas

Simón explicó de qué forma llegaron a estos escritos: “Fernando (Reati) fue uno de los sobrevivientes de la UP1. Yo había trabajado con él durante una estancia de investigación en Atlanta y seguimos en contacto cuando volví a la Argentina. Un día, mientras él estaba en Buenos Aires, nos reunimos a tomar un café y me mostró una carpeta marrón con folios en los cuales había pequeñísimos papeles, muy percudidos por el tiempo, llenos de letras minúsculas, que eran las cartas que tanto Fernando como su hermano Eugenio (también detenido) mandaban a sus padres exiliados. Cada papel estaba acompañado por una hoja mecanografiada que era la copia de la misma carta”.

A partir de las primeras cartas de Fernando (firmadas como “Peti”) y Eugenio que salen a la luz, los autores del libro empiezan una tarea de investigación para comunicarse con otros ex detenidos, pero principalmente de restauración, lo que definen como un trabajo “casi arqueológico”.

“Había que tratar de transcribir algunas cartas escritas en papel avión, tela, papel higiénico o los materiales más inverosímiles que se les ocurra. Cartas escritas a escondidas y sin luz. Y a eso hay que sumarle el paso del tiempo. Fue un trabajo realmente muy arduo recuperar esos mensajes”, contó Simón.

Las cartas habían nacido para romper el aislamiento en forma de puente, no de amplificador. Eran para el ámbito privado de los detenidos con sus seres queridos, sin tener en cuenta futuros terceros lectores (ni censores ni receptores en general), esto hace que den una mirada nueva en materia de obras carcelarias que los autores destacan.

“Estos escritos destinados al ámbito familiar eran altamente significativos no solo para el conocimiento y la reflexión sobre cómo eran los días para un detenido político en Argentina y el pasado reciente de la dictadura militar, sino para encontrarnos con otra mirada del detenido por causas políticas asociado a rasgos heroicos. Estas cartas muestran perfiles de hombres y mujeres atravesados por dudas, angustias y contradicciones, así como también acompañados por la solidaridad, las redes afectivas y la relación con los presos comunes y los familiares de unos y otros en el exterior”, explicó.

“Correo clandestino”, mural en la Municipalidad de Córdoba con un fragmento de carta y rostros de desaparecidos.

Para la co-autora, estas misivas son un fenómeno “único y particular”, ya que en ellas conviven la “posibilidad del desahogo” y a la vez un “cuidado de la emocionalidad”, vinculado por momentos a la autocensura, para que “los destinatarios que también estaban en situación vulnerable no corrieran riesgos”.

El libro no es solo un rescate del material, sino una selección y jerarquización de fragmentos que funcionan como un diálogo con la mirada tanto de la docente como de Fernando en su doble rol de autor y ex preso político. “Queremos fortalecer la idea de que la memoria existe cuando hay alguien que la interpela, interpreta y cuestiona desde el presente. No solo se trata del registro arqueológico, sino de que existe la memoria cuando el recuerdo se vuelve recuerdo vivo”.

“Dar a conocer ese archivo no podía ser solamente una reproducción de cartas. En busca de garantizar la trasmisión del valor de lo que teníamos ante nuestros ojos, había que además hablar con los ex detenidos, realizar entrevistas, seleccionar fragmentos con temáticas recurrentes con los cuales construimos un texto polifónico, en esta suerte de diálogo entre las cartas y nuestra voz”.

Una paloma atraviesa la noche

¿Cómo hacían los presos para hacer llegar sus cartas? El procedimiento llamado “la paloma” consistía en enviar al pabellón de los presos comunes una especie de soga construida a partir de hilos de sábanas o toallones, a la que se le unía un gancho y un contrapeso. Esto lo arrojaban por la ventana hacia el patio en un horario nocturno pautado (los presos comunes y los políticos se comunicaban con lenguaje de manos) y lo enganchaban con uno similar que arrojaban los presos comunes. Una vez tensada la línea, se enviaban pequeñas bolsas que contenían paquetitos (caramelos, en la jerga carcelaria) con los mensajes. Los presos comunes se los pasaban a sus mujeres en las visitas y las mujeres los sacaban en sus cuerpos para evitar las requisas.

Este proceso, tan falible y arriesgado, se basaba en la cooperación y la confianza de muchas personas que no se conocían, como así también requería la participación de familiares y amigos. “La solidaridad atraviesa todo el fenómeno de la comunicación ilegal. Si bien algunos lo hacían por un intercambio económico, lo que reinaba era el espíritu de ayuda. Incluso, algunas cartas tenían varios autores porque los presos y presas compartían el papel, especialmente con aquellos que no podían afrontar económicamente los gastos del envío”, resaltó.

El libro muestra un fuerte contenido de denuncia en cuanto a los castigos, los maltratos y las pésimas condiciones de vida, y recoge fragmentos sobre la convivencia, el aburrimiento y los miedos. Son interesantes, también, aquellas cartas que se refieren al Mundial de 1978 y a las visitas recibidas por la Cruz Roja. Otro aspecto en el que se enfocan los autores es en identificar recursos narrativos recurrentes. Respecto de esto, Simón destacó: “El humor, la ironía, la capacidad de metáfora y otros recursos literarios configuran un modo particular de contar en estas cartas, único e imperdible”.

Tapa del libro publicado por la EDUVIM.

En este sentido, la co-autora sostuvo que descubrieron en las misivas una forma de contar que es única: “Salen a la luz un montón de recursos utilizados para ocultar información (eufemismos, uso de iniciales, etcétera) y a la vez rasgos estéticos propios, marcas deícticas de tiempo y espacio, metáforas y comparaciones, hipérboles y lenguaje exagerado, insistencia en el tono apelativo y estrategias narrativas asociadas al humor y la ironía”.

“Veremos cuál es el recorrido de estas cartas, pero la idea es que este sea un archivo en expansión. Aparecen elementos que son súper ricos para una clase de literatura y más con una mirada comprometida con los derechos humanos”, enfatizó.

Al elegir una escena que resuma el proceso de trabajo de este libro que rescata las cartas de la Unidad Penitenciaria 1 durante la última dictadura, Simón expresó que si alguien pudiera hacerle “un zoom” se quedaría con el momento en el que vio la primera carta que escribió Fernando en 1976 sobre un papel higiénico: “Ahí confluyen no solamente lo emocional y la angustia de lo vivido, sino la materialidad en la que estaba escrito. Algo tan endeble, que había cruzado el océano varias veces, pasado por tantas manos, 40 años después estaba intacto. Seguía ahí, gracias al cuidado y el afecto de tantas personas, pero no podía quedar en un nuevo archivo, había que hacerlo memoria viva para que pasen otras cosas y esas otras cosas son este libro”.